Me gusta observar al mundo y ser espectadora de lo ajeno. A veces observo a las personas sentada sobre la copa de un árbol, porque así nadie puede verme. El poder ver sin ser vista me reconforta y me acerca a la realidad; curiosamente, me pone los pies en la tierra y me ayuda a vivir en el presente. Siento que puedo coexistir en un espacio lleno de gente sin preocupación alguna.
Es una barbaridad pensar que otros te pueden percibir como una persona, como un ser sintiente igual que ellos. Y más loco aún pensar que hay una imagen de ti creada en su cabeza. Una imagen que puede ser más clara de la que tengo sobre mí misma y de quién soy. No soporto la idea de que un tercero pueda darme una identidad mientras yo sigo luchando constantemente por encontrar la mía. Lo hacen parecer tan fácil. Quisiera poder ver desde sus ojos lo que piensan de mí, de esa versión que quizás es más valiente, elocuente o encantadora... O ver esa versión de mí que jamás imaginaría.
¿Por qué tengo miedo a ser vista? Es algo que me pregunto a menudo. Una vez más, me intento convencer de que cualquier persona que se encuentra a mi lado respira, ríe y sueña igual que yo. Pero al final me vuelve a invadir una sensación desapacible de que la persona que el otro ve no es la misma que yo tengo frente al espejo.
¿Tengo miedo de ser vista, o tengo miedo de encontrar una versión de mí misma que no quiero que exista?
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