Mi vida se esfuma

Mis deseos se apagan.

Y mis sueños, esos no sé dónde se guardan.

Quizá los escondió el viento

en el bolsillo de algún otoño,

o los bebió la tierra

para que aprendieran el idioma secreto de las raíces.

He caminado tanto hacia la ausencia

que ya no distingo

si soy la niebla

o el árbol que insiste en atravesarla.

Dentro de mí habita una casa inundada.

Las ventanas olvidaron el nombre de la mañana

y las paredes, cansadas de sostener silencios,

se descascaran en forma de recuerdos.

Pero hay algo obstinado en la vida.

Una semilla jamás discute con el invierno;

simplemente espera.

Y yo,

sin saberlo,

he sido semilla todo este tiempo.

Mientras creía desmoronarme,

la oscuridad me enseñaba a echar raíces.

Mientras lloraba la pérdida del jardín,

la lluvia escribía en mis manos

el mapa de otro comienzo.

Ahora comprendo

que sanar no era recoger los pedazos del espejo,

sino aprender a reflejarme

en el agua que sigue corriendo.

No volveré a ser quien fui.

Seré el bosque

después del incendio.

La rama que aún conserva la cicatriz del rayo

y, aun así, ofrece sombra.

La luna que acepta menguar

porque conoce de memoria

el camino de regreso a la luz.

Y cuando alguien pregunte

dónde estaban mis sueños,

sonreiré.

Porque los sueños nunca desaparecen.

Se vuelven semillas.

Y las semillas, incluso enterradas,jamás confunden la oscuridad con el final

230

Cargando comentarios...