El sol se puso ante mis ojos por última vez: ya no volverá a salir. Es la noche eterna del fin de los tiempos.
Lentamente las cosas dejan de existir. Todo se extingue, los árboles, las flores, los peces, las aves, los caballos... los hombres.

Yo sólo contemplo. Algunas emociones o especies de emociones preceden los cambios. Siento calor y de pronto todo se seca. Donde todo era verde, ahora sólo es paja gris.
¿Cómo puede existir tanta desolación? Los hombres luchan por los restos del mundo. Se destruyen. Mueren. Consternado lloro. Mi llanto inunda mis ojos.
De pronto miro y sólo veo agua. La verdad se me revela repentina y dolorosa: yo no he muerto. He sido un espectador del mundo. Lo vi nacer y ahora lo veo morir. Pero eso no es todo. Observo el agua que lo inunda todo, mientras la última lágrima cae de mis ojos. Cae en la orilla del mundo y las aguas se agitan. ¡Este caos procede de mi!
No sólo vi nacer el mundo, sino que ¡fui su creador! No sólo lo vi morir, ¡también fui su verdugo!

De mi proceden todas las cosas... ¡yo soy Dios!
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