El espejo cóncavo
 
      Sabía que las imágenes eran suyas, pero también  que ese rostro cambiante y desproporcionado era quizás una ilusión. Sin embargo, en su mundo no existían otros espejos que los cóncavos.
      Sus amigos, enemigos y las circunstanciales personas con las que trataba, una y otra vez, le devolvían una imagen asimétrica, fluctuante. Ésta  confrontaba con la percepción clara que obtenía al observar directamente  sus firmes manos.
 
 
 
 
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