27 de enero, 2 a.m.


No puedo dormir.


Tu silueta se dibuja en mis sueños y tus besos me humedecen el rostro.


La lumbre está apagandose, y la oscuridad de la noche dominante me enfría lentamente.


Te extraño como se extraña el aroma de nuestro barrio cuando estamos distantes.  El tiempo logro alejarnos matando todo mi sentir.

Y no puedo decir que voy a olvidarte porque sería imposible hacerlo.


Seguiré pensandote en silencio, seguiré recordándote como aquel primer encuentro, con las manos inquietas, las mejillas llenas, la sonrisa perfecta y esa filosofía de vida que me hizo comprender que aunque nunca tuve un ideal de hombre,  eras todo lo que yo quería en mi vida.


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