.                                     El destino te puso en mi camino.
 
 
Se dio en le quietud romántica de un café,
en medio del penetrante  aroma del delicioso grano
y junto a los compases  embrujadores de la bossa nova.
 
De ti,
busqué en esa mirada dulce y sonriente
una oportunidad libre de  tropiezos.
 
De mí,
esperaste un agrado franco que se mostrare sin engaños.
 
Yo,
busqué en tu sonrisa una ternura cierta
y un alma atesorada de cariño.
 
Tú,
esperaste que me acercara a tus dominios
con verbos de encanto y adecuadas seducciones.
 
De ti,
me inspiró la templanza que proyectaba tu mirada,
y mi corazón sintió sin bamboleos la necesidad 
de hurgar dentro de los límites de tu imagen bella.
 
De mí,
anhelaste establecer un cálido encuentro
con un acento firme,  que desbordare las inseguridades
y se atreviere a remover tus sueños.
 
Yo, adiviné confiado 
que en tu piel aromada anidaban sólidas virtudes
y, en tus caricias, 
abundaban salvajes promesas de virginales placeres.
 
Tú, pretendiste esperanzada
que  mis potencias jamás vacilen,
que  plasmaren siempre variadas y posibles ilusiones
y que existan, luego, tiempos interminables de conquista.
 
Cuanto de ti  observé,  todo me fascinó…
y tu sonrisa selló sin reparos tu aceptación.
 
Me acerqué a tu vera con el corazón palpitante
y en  ti, tu voz  tembló cuando me dijiste:
 
-        Hola ¿Qué tal?
 
 
JCRC.
 
 
 
 
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