El desánimo
Siempre hay oportunidades de crecer, solamente hay que aprovecharlas. No es fácil, constantemente los obstáculos de nuestra mente representan la dificultad en si misma.
Diferentes circunstancias moldean nuestras emociones, nuestros pensamientos y a menudo nos sentimos atrapados en ellos.
“Yo soy yo y mis circunstancias” esta puede ser una frase para la reflexión, aquella que nos ayude a no juzgarnos y a no juzgar a los demás. A ser pacientes y entender que en el camino hay trozos llanos y pendientes, de mayor o menor inclinación, más o menos costosos de subir; cuando no, resbalamos y caemos un poquito, descendemos y cuesta retomar el paso, el peso que llevamos a la espalda tira para atrás, pesa demasiado para volver a tomar impulso y ascender de nuevo.
¡Este es el momento, nuestro momento!… puede surgir el desánimo o la posibilidad de tomar mayor impulso y pisar mas firme en adelante. Y la oportunidad de vaciar la mochila, deshacernos de todo aquello que ya no sirve para seguir caminando.
Subir a una cima es duro, en ocasiones desalentador; hay piedras, barro, y otras dificultades complicadas de superar.
Queremos llegar a la cima, la meta es difícil de alcanzar; pero el paisaje y lo vivido en el ascenso, no se pueden igualar a ninguna otra sensación; si no perdemos detalle de los que nos rodea, vivir cada instante intensamente puede llegar a ser tan enriquecedor que al final del sendero, de la dura jornada, el cansancio se desvanece con la satisfacción, la plenitud de emociones y de sentimientos.
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