El demonio es omnipresente.
Lo recuerdo perfectamente... su nombre era Jorge. Era un hombre que vivía en la casa que estaba en frente a la mía. A simple vista era un hombre común y corriente: cabello cano, mirada apagada, silencioso y sin profesión alguna, sin hijos, sin esposa, simplemente estaba allí por razones que ni él sabía, y supongo que tampoco quería saberlas. Hablabamos lo justo y necesario. En realidad no era sociable (tampoco yo), pero hablabamos desde que habíamos trabajado juntos en una carnicería, la cual cerró porque el dueño había muerto. Desde entonces me encontraba sin trabajo, haciendo unas pocas cosas a cambio de unos billetes. No así Jorge, que al parecer tuvo más suerte que yo, pues, luego de cerrar la carnicería consiguió un taxi. Salía tarde por las noches, lo notaba por esa inolvidable luz ultravioleta en el interior de su carro y... al menos se veía ocupado, y esa es la única manera de olvidar la asquerosa realidad que nos espera en casa... oh Dios! cómo la detesto! tiene un olor a cigarrillos, carne cruda y heces de gato, al menos él podía olvidarse de ella por un par de horas. Pasó al rededor de un mes sin ver a Jorge, pensé que se había ido, hasta que lo vi salir temprano mientras fumaba por la ventana. Estaba un tanto extraño, era como otra persona, pensé: "tal vez había sido raptado por extraterrestres, o poseído por el amor, el dinero o cualquier otra de esas cosas que matan tu alma", al final lo dejé para ir por unos tragos. Un día cualquiera, era de noche y volvía de un bar que estaba cerca. Vi el taxi de Jorge estacionado afuera de su casa. Lo ví sentado en su asiento, a oscuras pero iluminado levemente por la sombría luz de un poste. Estaba totalmente paralizado, sus ojos eran de un rojo brillante, de tan solo verlos me sentía menos borracho del miedo. Seguí hasta la puerta de mi casa y cuando estaba a punto de abrirla, un viento frío como un soplido tocó mi nuca, era un frío indescriptible, algo que no se pudo haber originado en este mundo. Cerré mis ojos y con el minúsculo aliento que me quedaba, simulé tener picazón en la garganta y volví a lo que estaba. Al otro día desperté con una sensación extraña, más bien macabra, como si al abrir la nevera me encontraría con las partes de un cuerpo envueltas en bolsas plásticas, ignoré dicha sensación y salí a caminar. Mientras paseaba reflexionaba sobre lo que había visto y sentido la noche anterior; no era la el dinero, el dinero los vuelve ciegos, tontos, locos, desalmados, etc. Pero él parecía más bien una bestia, también pensé en el alcohol pero... por qué no me sucede eso a mi? Tal vez lo atrapó una de esas drogas sintéticas inventadas en U.S.A. (como el extasis, el amor, los fármacos, el k2, etc.), por ahora sólo podía especular. Con el tiempo pude ver su impactante cambio: su cara se había deformado, había perdido su cabello (o lo que quedaba de él), y su piel se tornaba cada vez más suelta. Con el tiempo comencé a indagar en su vida (más bien intentar hacerlo), noté que en su carro llevaba una fotografía, y mientras más sabía más preguntas invadían mi mente en mis breves momentos de lucidez. Habían pasado ya meses sin verlo, me limité a pensar que quizá había viajado, o estaba trabajando en otro horario. Un domingo por la mañana llegaba farreado a mi casa, miré a la casa donde vivía Jorge y estaba todo igual que siempre, tal vez estaba de viaje o algo así, por lo cual me olvidé por un momento de los misterios que trataba de resolver (no estaba del todo lúcido). No tenía muchos lugares donde buscar respuestas, sin embargo, algo inesperado sucedió: resultó que el hombre que le había prestado el taxi le cobraba mensualmente y al parecer 4 meses eran mucho tiempo sin pagar. Fue a la casa de jorge al menos tres veces en una semana, a la cuarta vez decidió entrar a la fuerza y encontró el ya más que descompuesto cadáver de Jorge, la noticia corrió al instante. El clásico cierre al perímetro de la casa, las luces de los carros policiales, era un caos enorme, pues, al parecer se había disparado en la cabeza con una pistola silenciada. Asistí a su funeral, el cual fue financiado por sus colegas taxistas, los cuales independiente de su poca interacción con ellos sentían que era un miembro más de la familia. Luego de volver de su funeral me puse a pensar en lo extraña que fue su vida (o al menos sus últimos años), no había rastro de algún familiar, tal vez ese demonio que lo poseía era algo más común de lo que pensaba: los recuerdos, sean buenos o malos estarán ahí, mirando lo que haces, tratarás de borrarlos con alcohol o qué sé yo, pero tarde o temprano verás que siguen sentados junto a ti en el comedor, o arropandote antes de dormir... tal vez un recuerdo lo atormentaba, y ya que entendió que no los podría borrar jamás, decidió borrarse él. Del taxi no volví a saber, familiares vivos supongo que no tenía... jamás pude resolver las dudas tras el misterio... y aún recuerdo su vida, y lo seguiré haciendo...
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