Este poema está dedicado a la mujer que me entregó su corazón.
SOLEDAD MONTAÑA.
 
Que tus ojos brillen con la plenitud de las estrellas
porque eres la luz que acompaña mis suspiros
los cuales liberan mis preocupaciones y temores
adornando mis pupilas con esos faros encendidos.
No permitiré que una lluvia tape ese brillo
espantaré esas nubes para que ilumines mi camino
porque el brillo de tus ojos me despiertan
y con ese mismo resplandor, quedo dormido.
Eres la inmortalidad de mis deseos
acompañados de tus cálidos besos;
y atrapante como el resplandor tranquilo de un candil
para las lúciernagas que vagan sin sentido.
Quiero ver el brillo de tus ojos cada mañana
porque el sol no puede iluminarme como tu.
Ese brillo divino que irradian tus pupilas
no debe agotarse nunca en ninguna de estas vidas
porque hasta el mas bendito ángel se quedará
asombrado por los ojos de mi Soledad. 
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