El amor es una libertad
El amor es una libertad
Al Roher
El amor es una libertad©
Esta obra está debidamente registrada con derechos de autor bajo el siguiente registro: 1605217813895. Attribution-Noncommercial-No Derivative Works 2.5 Malaysia.
Para Dante
Creo en la adopción homoparental porque sé que a la familia no la hace el ADN sino el amor y toda persona sin importar su orientación sexual es capaz de amar, de hacer una familia y ser muy felices. Sobre eso trata "El amor es una libertad" una historia de verdadero amor.
El amor es una libertad
En la habitación del salón había un ambiente de seriedad. El aire, respetaba el tema que estaba a punto de tocarse y guardaba silencio. El gato estaba afuera, porque tiene por costumbre posarse en el regazo de los demás sin ninguna consideración. Las luces de las lámparas estaban bajas y el televisor no estaba encendido. Hasta el teléfono estaba desconectado para evitar interrupciones. Sólo un grillo gitano se atrevía a interrumpir; al ritmo de uno, dos, tres - grillar -el silencio.
Los padres de Eví estaban consientes desde hace mucho tiempo de que este día llegaría. No sabían exactamente cuándo, pero así como las nubes grises y el viento fuerte anticipa la tormenta, verían acercarse el día de hoy. Justo así, sin fecha, sin saber qué hacer, insipiente y melancólico.
Eví estaba algo nervioso por todo este asunto, no sabía que pasaba. Eran las 9 de la noche. Debía de estarse preparando para dormir, pero no lo estaba haciendo. En lugar de eso, estaba tomando té mientras sus padres se veían un tanto intranquilos. Daba un sorbo, inclinaba la pequeña taza azul sin despegar la vista de ellos. Seguía preguntándose si se quedarían ahí toda la noche, sólo viéndose.
Luis se despejó la garganta como dispuesto a hablar, pero volvió a recargarse y nuevamente guardo silencio. Gil se acomodó en el asiento. Eví lo miraba un tanto desconcertado. Gil le devolvió la mirada y lo tranquilizó con una sonrisa. Ahora sabía que no estaba en problemas, respiró aliviado.
Eví solía imaginar los problemas como sogas que lo retenían, en ese instante los nudos cedieron y se sintió libre, aliviado. Se sintió como el escapista de aquella película que vieron el fin de semana en el cine. Lástima que tuvieron que salir a mitad de la película, él hubiera querido saber que pasaba al final.
Gil sacó de su maleta una especie de libro, el cual llamó mucho la atención de Eví. Un libro azul, un azul muy brillante. Además tenía en su pasta el dibujo de dos niños. No era raro que Gil se paseara con libros todo el tiempo, pero por lo general no tenían ni dibujos ni colores como este. Eví nunca había tenido interés en leer alguno de estos libros y cuando lo tenía Gil le decía «No lo entenderías, eres muy chico aún». A Eví le frustraba todo esto, había tanto que no entendía, que a veces se sentía como un tonto. Aun y cuando su maestra siempre lo devolvía a casa con una estrella grande y brillante en la frente.
-Ven Eví, siéntate aquí -dijo Gil, llamándolo con su mano. Tan pronto el pequeño se hubo sentado en la alfombra Gil puso sus manos sobre su cabeza y le acomodó el cabello. Dejó el libro sobre la mesa y se inclinó para besarle el cabello. Luis levantó el libro y empezó a hojearlo. Gil continuó hablando, al parecer era el más preparado para hacerlo.
-Sé que te gustan mucho las historias Eví. Tengo una que contarte -los ojos del pequeño se iluminaban en la luz de las lámparas. Se inclinó hacia adelante.
-Quiero escucharla -contestó emocionado. Fue a buscar una almohada y volvió a sentarse.
- ¿Sabes por qué me gusta leer Eví? -preguntó Gil una vez que el niño estaba cómodo y contaba con toda su atención.
-Para ser listo -contestó a toda prisa.
-Bueno sí. -Rió -Pero no sólo por eso. A mí me gusta leer porque aprendo cosas que antes no sabía, muchas cosas sólo se pueden aprender leyendo. También me gusta leer para conocer historias.
- ¡Ay! a mí también. Como los cuentos -hasta ahora Eví iba entendiendo.
-Pero hay manera de juntar las dos cosas. Contar una historia y de ella aprender muchas cosas, de esto se tratan los libros. Te contaremos una historia Eví, pero no es cualquier historia, es nuestra historia. -En ese momento cogió la mano de Luis quien trató de parecer fuerte, aunque él mismo sabía que si hablaba se le quebraría la voz.
Sin embargo Eví estaba emocionado a más no poder, había cosas que no entendía y aun si se las explicaban tenía el presentimiento de que no lograría entenderlas. Que mejor que una historia para entender todo eso.
Gil despejó su garganta y le dio un sorbo a su té, le temblaba la taza en los labios, con un poco de trabajo pudo contenerlos. Dejó de lado el té y entonces comenzó.
En la casa de Luis hay un rincón muy particular, en la entrada del cuarto de lavado. La pared tenía una marca de desgaste, donde Luis y sus hermanos recargaban su cabeza para pensar. Tenían órdenes de no moverse de ahí hasta que entendieran que fue lo que habían hecho mal. Para asegurarse de qué lo habían entendido, su mamá preguntaba:
- ¿Entendiste que fue lo que hiciste mal? -en caso de que fuera una respuesta equivocada o a medias, Eleonor su madre los devolvía al rincón.
Luis odiaba ese lugar porque aunque sólo fuese por un momento le quitaba toda la libertad que tanto le gustaba. No podía hablar, no podía moverse, no podía jugar, no podía hacer absolutamente nada. Mario su hermano mayor le decía que con el tiempo se acostumbraría - de todos él era el que más era castigado. -Carolina rara vez era castigada.
Hoy estaba Luis en ese rincón y por más que se dejaba caer en la pared no entendía que era lo que había hecho mal. Ha pasado una hora, pero el siente que ha pasado ahí todo el día. Comienza a sentir los pies pesados y añora el sol. Continúa con la mirada fija en el suelo. No hay absolutamente nada que le distraiga y aun así no entiende por qué debe disculparse, no saldrá de ahí si no es con la respuesta.
Llegó de la escuela muy emocionado. Afuera hacía un día grandioso y su madre había preparado una comida especial por el cumpleaños número 10 de Carolina. Ella empezó a servir para los cuatro. Al final de dar las gracias Luis no dijo «Amén» pero estaba seguro que por eso no lo habían castigado.
Después de comer fue a jugar con Gil, su vecino. Quien era el único y mejor amigo de Luis, su persona favorita. Se sentaba a su lado en clase y en el descanso almorzaban juntos, estando con él se sentía mejor que nunca. En pocas palabras, se trataba de un niño encantador. Luis tenía permiso de ir a su casa a jugar y él tenía permiso de venir, así que eso tampoco había sido por lo que estaba castigado.
Cuando volvió en casa, su mamá preparó chocolate caliente y partieron el pastel. Carolina tenía entre sus manos una flor que en su momento debió verse bonita. No dejaba de olerla, pareciera que cada vez tenía menos pétalos.
-Se la ha regalado su novio -se burló Mario.
- ¡Que no es mi novio te digo! -renegó Carolina.
-Deja en paz a tu hermana Mario, es su cumpleaños -advirtió su madre.
Mario terminó su pastel, dejó la mitad de su chocolate, cogió su mp3 y subió a su habitación.
-Ya quiero que llegué papá con mi regalo -confesó emocionada.
-Pues creo que lo mejor que tendrás hoy será esa flor. -Reímos. Después que se desvaneció la risa hubo un silencio incómodo.
- ¿Y a ti? ¿No te gusta nadie? -quiso saber Carolina. -Alguien que te haga sentir bien, como mariposas en el estómago -. Me quedé pensando quien me había hecho sentir así, aunque fuera sólo una vez. Sonreí y al fin dije:
-Hay alguien. -Sólo alguien cuando me tomaba de la mano me hacía sentir esas mariposas, esas ganas de quedarme sosteniendo su mano por siempre. Carolina y su madre se volvieron a Luis esperando su respuesta.
-Gil-contesté.
-No. Gil es un niño. Te debe gustar una niña. -se reía mi hermana. Miré a mamá que se había quitado los lentes y veía a mi hermana son severidad.
- ¡Silencio niña! Ni una palabra más. -Y entonces me mandó aquí.
No, aun no sé porque estoy castigado.
Pasó el tiempo y Luis no dejó de estar castigado. Se sentía cada vez más preso, más limitado. Luis tenía barrotes por dentro, debía de seguir sintiendo en secreto, no podía expresarse, no podía amar. Se aseguraba de que las mariposas se quedaran dentro. Gil seguía siendo su amigo, pero ya nunca más lo volvió a tomar de la mano. Luis seguía teniéndole ese cariño especial, pero le bastaba con oler de cerca su perfume y hablar seguido con él. Estando a su lado tenía que, por decirlo así amarrar sus manos.
Las amigas de Luis aunque quizá no eran las indicadas para hablar de amores, le aconsejaban que fuera sincero con él y con los demás, que sólo entonces se sentiría libre. Ya conocían su analogía del pájaro enjaulado. Él se limitaba a asentir, sabía que sus amigas tenían razón, pero se le hacía terriblemente difícil ser sincero con los demás y con él mismo.
Cierto día Gil se había ofrecido a llevar a Luis a casa después de la escuela. Ahí dentro sólo había silencio, él se encontraba tan ausente que no se dio cuenta cuando Gil detuvo la marcha. Volvió en sí hasta que sintió la mano de él sobre la suya, como hace tanto tiempo, seguía siendo tan cálida como siempre.
-Te quiero, disculpa que tardara tanto en ser valiente. Te quiero, te quiero. Desde siempre, desde el momento en que te conocí cuando tenías 8 años, te quería entonces y te quiero ahora.
-También te quiero. -Dejé las mariposas salir con un beso en la mejilla. Me sentí libre, libre como nunca antes y muy seguro cogiendo su mano. Se mantuvieron abrazados súbitamente Luis cayó en cuenta de algo. - ¿sabes Gil? El castigo termina ahora.»
- ¡Qué bonita historia! ¿Es para mí? -fue lo primero que dijo Eví cuando hubo terminado de leer. Gil estaba restregando sus ojos.
-Sí, es para ti. ¿Responde alguna de tus preguntas?
-Sí, muchas gracias. ¡Por eso se quieren tanto! -sus padres asintieron aunque no se trataba de una pregunta.
-Toma Eví guárdalo, necesitarás leerlo cada vez que te los demás te hagan sentir mal. -respondió Luis. Eví estiró los brazos y tomó su preciado regalo.
- ¿Crees tú que esté mal que a un niño le guste otro niño? ¿Cómo solía decir tu abuela? -preguntó Luis. Eví quien abrazaba fuertemente el libro no se lo pensó ni un momento.
-No, yo no lo creo. -Luis y Gil lo miraron complacidos - ¿Cómo va a estar mal si ustedes se quieren mucho? Y yo los quiero mucho. --para ese momento los padres de Eví se habían sentado con él en el suelo. Esas tres últimas palabras se hubieron ganado un abrazo de sus padres.
- Nosotros te amamos mi niño. Pero, ¿entiendes que a los demás no les gusta que nos queramos, ni que tú estés con nosotros, como esta semana en el cine?
-Sí, lo sé. Sí yo puedo entenderlo, no sé porque ellos no. Además a mí me gusta tener dos papás. -la inocencia de sus palabras los conmovió hasta las lágrimas. «Esto lo compensa todo.» pensaban. Sin soltar el libro Eví volvió a tomar de su taza.
-Entonces a ustedes no los dejaban quererse ¿verdad? -dijo tomando el hilo de la conversación, como una persona de los más madura. Asentimos. -Eso está muy mal.
- Sí, eso está muy mal. Hay personas que piensan que sólo hay una manera de querer y tratan de imponerla a los demás sin pensar si a ellos les gusta o no y eso es muy egoísta.
-Sí que lo es.
-Eví, queremos que entiendas algo. Todos tenemos libertad para amar y eso no depende de sí eres niño o niña. Cada persona hace la elección de con quien quiere pasar el resto de su vida, simplemente se enamoran. Nosotros te damos libertad para amar y queremos que tú hagas lo mismo, dale esa misma libertad a todos, trata de entender las diferentes maneras del amor, dales a todos esa libertad.
-Siéntete libre Eví, tú eres libre de amar.
-Yo..., yo sólo los amo a ustedes -contestó a Eví acercándolos a él con sus pequeñas manos y dándole un beso a cada uno.
Para el lector:
Si formar una familia es tu sueño, lucha por conseguirlo, se el padre, se la madre que quieres para tu hijo pero desde hoy. Y no importa qué puedan decir los demás, no tengas miedo a soñar, no tengas miedo a amar, no tengas miedo a ser quien eres.
Nada me gustaría más que leer tus comentarios, los cuales agradecería me enviaras a la siguiente dirección: yonnathan.rdz@gmail.com Espero hayas disfrutado de esta lectura y de ser posible haber ido un poco más allá y despertar en ti un bonito sentimiento, un fuerte abrazo y cariño literario.
Al Roher
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El amor es una libertad©
Esta obra está debidamente registrada con derechos de autor bajo el siguiente registro: 1605217813895. Attribution-Noncommercial-No Derivative Works 2.5 Malaysia.
Para Dante
Creo en la adopción homoparental porque sé que a la familia no la hace el ADN sino el amor y toda persona sin importar su orientación sexual es capaz de amar, de hacer una familia y ser muy felices. Sobre eso trata "El amor es una libertad" una historia de verdadero amor.
El amor es una libertad
En la habitación del salón había un ambiente de seriedad. El aire, respetaba el tema que estaba a punto de tocarse y guardaba silencio. El gato estaba afuera, porque tiene por costumbre posarse en el regazo de los demás sin ninguna consideración. Las luces de las lámparas estaban bajas y el televisor no estaba encendido. Hasta el teléfono estaba desconectado para evitar interrupciones. Sólo un grillo gitano se atrevía a interrumpir; al ritmo de uno, dos, tres - grillar -el silencio.
Los padres de Eví estaban consientes desde hace mucho tiempo de que este día llegaría. No sabían exactamente cuándo, pero así como las nubes grises y el viento fuerte anticipa la tormenta, verían acercarse el día de hoy. Justo así, sin fecha, sin saber qué hacer, insipiente y melancólico.
Eví estaba algo nervioso por todo este asunto, no sabía que pasaba. Eran las 9 de la noche. Debía de estarse preparando para dormir, pero no lo estaba haciendo. En lugar de eso, estaba tomando té mientras sus padres se veían un tanto intranquilos. Daba un sorbo, inclinaba la pequeña taza azul sin despegar la vista de ellos. Seguía preguntándose si se quedarían ahí toda la noche, sólo viéndose.
Luis se despejó la garganta como dispuesto a hablar, pero volvió a recargarse y nuevamente guardo silencio. Gil se acomodó en el asiento. Eví lo miraba un tanto desconcertado. Gil le devolvió la mirada y lo tranquilizó con una sonrisa. Ahora sabía que no estaba en problemas, respiró aliviado.
Eví solía imaginar los problemas como sogas que lo retenían, en ese instante los nudos cedieron y se sintió libre, aliviado. Se sintió como el escapista de aquella película que vieron el fin de semana en el cine. Lástima que tuvieron que salir a mitad de la película, él hubiera querido saber que pasaba al final.
Gil sacó de su maleta una especie de libro, el cual llamó mucho la atención de Eví. Un libro azul, un azul muy brillante. Además tenía en su pasta el dibujo de dos niños. No era raro que Gil se paseara con libros todo el tiempo, pero por lo general no tenían ni dibujos ni colores como este. Eví nunca había tenido interés en leer alguno de estos libros y cuando lo tenía Gil le decía «No lo entenderías, eres muy chico aún». A Eví le frustraba todo esto, había tanto que no entendía, que a veces se sentía como un tonto. Aun y cuando su maestra siempre lo devolvía a casa con una estrella grande y brillante en la frente.
-Ven Eví, siéntate aquí -dijo Gil, llamándolo con su mano. Tan pronto el pequeño se hubo sentado en la alfombra Gil puso sus manos sobre su cabeza y le acomodó el cabello. Dejó el libro sobre la mesa y se inclinó para besarle el cabello. Luis levantó el libro y empezó a hojearlo. Gil continuó hablando, al parecer era el más preparado para hacerlo.
-Sé que te gustan mucho las historias Eví. Tengo una que contarte -los ojos del pequeño se iluminaban en la luz de las lámparas. Se inclinó hacia adelante.
-Quiero escucharla -contestó emocionado. Fue a buscar una almohada y volvió a sentarse.
- ¿Sabes por qué me gusta leer Eví? -preguntó Gil una vez que el niño estaba cómodo y contaba con toda su atención.
-Para ser listo -contestó a toda prisa.
-Bueno sí. -Rió -Pero no sólo por eso. A mí me gusta leer porque aprendo cosas que antes no sabía, muchas cosas sólo se pueden aprender leyendo. También me gusta leer para conocer historias.
- ¡Ay! a mí también. Como los cuentos -hasta ahora Eví iba entendiendo.
-Pero hay manera de juntar las dos cosas. Contar una historia y de ella aprender muchas cosas, de esto se tratan los libros. Te contaremos una historia Eví, pero no es cualquier historia, es nuestra historia. -En ese momento cogió la mano de Luis quien trató de parecer fuerte, aunque él mismo sabía que si hablaba se le quebraría la voz.
Sin embargo Eví estaba emocionado a más no poder, había cosas que no entendía y aun si se las explicaban tenía el presentimiento de que no lograría entenderlas. Que mejor que una historia para entender todo eso.
Gil despejó su garganta y le dio un sorbo a su té, le temblaba la taza en los labios, con un poco de trabajo pudo contenerlos. Dejó de lado el té y entonces comenzó.
En la casa de Luis hay un rincón muy particular, en la entrada del cuarto de lavado. La pared tenía una marca de desgaste, donde Luis y sus hermanos recargaban su cabeza para pensar. Tenían órdenes de no moverse de ahí hasta que entendieran que fue lo que habían hecho mal. Para asegurarse de qué lo habían entendido, su mamá preguntaba:
- ¿Entendiste que fue lo que hiciste mal? -en caso de que fuera una respuesta equivocada o a medias, Eleonor su madre los devolvía al rincón.
Luis odiaba ese lugar porque aunque sólo fuese por un momento le quitaba toda la libertad que tanto le gustaba. No podía hablar, no podía moverse, no podía jugar, no podía hacer absolutamente nada. Mario su hermano mayor le decía que con el tiempo se acostumbraría - de todos él era el que más era castigado. -Carolina rara vez era castigada.
Hoy estaba Luis en ese rincón y por más que se dejaba caer en la pared no entendía que era lo que había hecho mal. Ha pasado una hora, pero el siente que ha pasado ahí todo el día. Comienza a sentir los pies pesados y añora el sol. Continúa con la mirada fija en el suelo. No hay absolutamente nada que le distraiga y aun así no entiende por qué debe disculparse, no saldrá de ahí si no es con la respuesta.
Llegó de la escuela muy emocionado. Afuera hacía un día grandioso y su madre había preparado una comida especial por el cumpleaños número 10 de Carolina. Ella empezó a servir para los cuatro. Al final de dar las gracias Luis no dijo «Amén» pero estaba seguro que por eso no lo habían castigado.
Después de comer fue a jugar con Gil, su vecino. Quien era el único y mejor amigo de Luis, su persona favorita. Se sentaba a su lado en clase y en el descanso almorzaban juntos, estando con él se sentía mejor que nunca. En pocas palabras, se trataba de un niño encantador. Luis tenía permiso de ir a su casa a jugar y él tenía permiso de venir, así que eso tampoco había sido por lo que estaba castigado.
Cuando volvió en casa, su mamá preparó chocolate caliente y partieron el pastel. Carolina tenía entre sus manos una flor que en su momento debió verse bonita. No dejaba de olerla, pareciera que cada vez tenía menos pétalos.
-Se la ha regalado su novio -se burló Mario.
- ¡Que no es mi novio te digo! -renegó Carolina.
-Deja en paz a tu hermana Mario, es su cumpleaños -advirtió su madre.
Mario terminó su pastel, dejó la mitad de su chocolate, cogió su mp3 y subió a su habitación.
-Ya quiero que llegué papá con mi regalo -confesó emocionada.
-Pues creo que lo mejor que tendrás hoy será esa flor. -Reímos. Después que se desvaneció la risa hubo un silencio incómodo.
- ¿Y a ti? ¿No te gusta nadie? -quiso saber Carolina. -Alguien que te haga sentir bien, como mariposas en el estómago -. Me quedé pensando quien me había hecho sentir así, aunque fuera sólo una vez. Sonreí y al fin dije:
-Hay alguien. -Sólo alguien cuando me tomaba de la mano me hacía sentir esas mariposas, esas ganas de quedarme sosteniendo su mano por siempre. Carolina y su madre se volvieron a Luis esperando su respuesta.
-Gil-contesté.
-No. Gil es un niño. Te debe gustar una niña. -se reía mi hermana. Miré a mamá que se había quitado los lentes y veía a mi hermana son severidad.
- ¡Silencio niña! Ni una palabra más. -Y entonces me mandó aquí.
No, aun no sé porque estoy castigado.
Pasó el tiempo y Luis no dejó de estar castigado. Se sentía cada vez más preso, más limitado. Luis tenía barrotes por dentro, debía de seguir sintiendo en secreto, no podía expresarse, no podía amar. Se aseguraba de que las mariposas se quedaran dentro. Gil seguía siendo su amigo, pero ya nunca más lo volvió a tomar de la mano. Luis seguía teniéndole ese cariño especial, pero le bastaba con oler de cerca su perfume y hablar seguido con él. Estando a su lado tenía que, por decirlo así amarrar sus manos.
Las amigas de Luis aunque quizá no eran las indicadas para hablar de amores, le aconsejaban que fuera sincero con él y con los demás, que sólo entonces se sentiría libre. Ya conocían su analogía del pájaro enjaulado. Él se limitaba a asentir, sabía que sus amigas tenían razón, pero se le hacía terriblemente difícil ser sincero con los demás y con él mismo.
Cierto día Gil se había ofrecido a llevar a Luis a casa después de la escuela. Ahí dentro sólo había silencio, él se encontraba tan ausente que no se dio cuenta cuando Gil detuvo la marcha. Volvió en sí hasta que sintió la mano de él sobre la suya, como hace tanto tiempo, seguía siendo tan cálida como siempre.
-Te quiero, disculpa que tardara tanto en ser valiente. Te quiero, te quiero. Desde siempre, desde el momento en que te conocí cuando tenías 8 años, te quería entonces y te quiero ahora.
-También te quiero. -Dejé las mariposas salir con un beso en la mejilla. Me sentí libre, libre como nunca antes y muy seguro cogiendo su mano. Se mantuvieron abrazados súbitamente Luis cayó en cuenta de algo. - ¿sabes Gil? El castigo termina ahora.»
- ¡Qué bonita historia! ¿Es para mí? -fue lo primero que dijo Eví cuando hubo terminado de leer. Gil estaba restregando sus ojos.
-Sí, es para ti. ¿Responde alguna de tus preguntas?
-Sí, muchas gracias. ¡Por eso se quieren tanto! -sus padres asintieron aunque no se trataba de una pregunta.
-Toma Eví guárdalo, necesitarás leerlo cada vez que te los demás te hagan sentir mal. -respondió Luis. Eví estiró los brazos y tomó su preciado regalo.
- ¿Crees tú que esté mal que a un niño le guste otro niño? ¿Cómo solía decir tu abuela? -preguntó Luis. Eví quien abrazaba fuertemente el libro no se lo pensó ni un momento.
-No, yo no lo creo. -Luis y Gil lo miraron complacidos - ¿Cómo va a estar mal si ustedes se quieren mucho? Y yo los quiero mucho. --para ese momento los padres de Eví se habían sentado con él en el suelo. Esas tres últimas palabras se hubieron ganado un abrazo de sus padres.
- Nosotros te amamos mi niño. Pero, ¿entiendes que a los demás no les gusta que nos queramos, ni que tú estés con nosotros, como esta semana en el cine?
-Sí, lo sé. Sí yo puedo entenderlo, no sé porque ellos no. Además a mí me gusta tener dos papás. -la inocencia de sus palabras los conmovió hasta las lágrimas. «Esto lo compensa todo.» pensaban. Sin soltar el libro Eví volvió a tomar de su taza.
-Entonces a ustedes no los dejaban quererse ¿verdad? -dijo tomando el hilo de la conversación, como una persona de los más madura. Asentimos. -Eso está muy mal.
- Sí, eso está muy mal. Hay personas que piensan que sólo hay una manera de querer y tratan de imponerla a los demás sin pensar si a ellos les gusta o no y eso es muy egoísta.
-Sí que lo es.
-Eví, queremos que entiendas algo. Todos tenemos libertad para amar y eso no depende de sí eres niño o niña. Cada persona hace la elección de con quien quiere pasar el resto de su vida, simplemente se enamoran. Nosotros te damos libertad para amar y queremos que tú hagas lo mismo, dale esa misma libertad a todos, trata de entender las diferentes maneras del amor, dales a todos esa libertad.
-Siéntete libre Eví, tú eres libre de amar.
-Yo..., yo sólo los amo a ustedes -contestó a Eví acercándolos a él con sus pequeñas manos y dándole un beso a cada uno.
Para el lector:
Si formar una familia es tu sueño, lucha por conseguirlo, se el padre, se la madre que quieres para tu hijo pero desde hoy. Y no importa qué puedan decir los demás, no tengas miedo a soñar, no tengas miedo a amar, no tengas miedo a ser quien eres.
Nada me gustaría más que leer tus comentarios, los cuales agradecería me enviaras a la siguiente dirección: yonnathan.rdz@gmail.com Espero hayas disfrutado de esta lectura y de ser posible haber ido un poco más allá y despertar en ti un bonito sentimiento, un fuerte abrazo y cariño literario.
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