EL AMANTE ROTO.
El amante dejo su chaqueta
en el respaldo de la silla.
Prendio un cigarrillo y
Se sirvió un trago, el reloj marcaba
la medianoche, afuera, el viento ensayaba
una Sonata a medias, el crujir del alero,
espantaba al viejo búho
Y la luna se vestía de espera.
Volvió a mirar el reloj.
El olor de su cuerpo estaba
En cada rincón de la casa
Sus senos en punta, perfectos
Y suaves, sus manos, guiandolo
Ese instante prohibido
Y el sabor a piel robada
a caricia prestada, y el orgasmo
Apurado, como si no fuera
Cierto, como si no bastara
Poseerla, sentirla.
Cada vez le costaba más.
Le dolía más. Apagó el cigarrillo.
Recogio la chaqueta
El frío de la noche lo estremeció.
Los árboles dibujaban
sombras chinescas sobre el asfalto,
de distinto color.
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