DOMINGO
Domingo
No soy un ser tan depresivo o dramático como para estar pidiendo desesperadamente a la muerte que venga por mí. Ni siquiera es que ambicione morir o imagine la muerte en la lejanía del tiempo. Pero hay veces que pido por ella, le pido a dios que me lleve pero claro, si el existe no me llevará. Calculo que me dejaría sufriendo con mi malestar, porque me lo merezco. No soy un enfermo terminal, al menos no en mi presente, el futuro ya dirá. Pero a veces me siento como tal. Sin saber lo que eso significa, siendo completamente injusto con el padecimiento de los pobres enfermos que no tienen cura. Lo mío es una simple exageración, una exageración que casi siempre se hace presente los domingos.
Muchos aseveran que el domingo, el último o el primer día de la semana, como quieran denotarlo, es el día ideal para los suicidas. Un día con alto índice de depresión, y en parte comulgo con ello. Hay tristeza en los domingos después del asado, del partido de futbol. El atardecer que suele ser tan bello y elegante, un domingo se puede convertir en cínico. No hay nada más que hacer y la noche se entristece. El lunes nos empieza a avasallar antes de tiempo. Claro que no todos deben sentir aquel pesar absurdo, deben existir personas que saben disfrutar de un domingo como tal sin darle mayor trascendencia. Yo no a todos los domingos les doy la misma importancia. Los que verdaderamente me pesan son aquellos en los que le pido a la muerte que me lleve. Y debo confesar que lo hago con sinceridad, en aquellos momentos verdaderamente no me importaría morir. Ya les dije que me siento un enfermo terminal, pues ya no soy el de antes, ya no tolero las resacas, el dolor de cabeza, el malestar estomacal, los mareos de la presión. Las ganas de vomitar no se van con facilidad, por más que ya haya vomitado. Y todas aquellas medicinas contra la resaca, verdaderamente a mi no me hacen mayor efecto.
Me levanto de la cama, porque no tolero estar todo el día tirado en la misma. Sin embargo me dejo caer en el sillón y allí me quedo durante todo el día. Con el control remoto en la mano, sin mirar nada, solo hago zapping de a ratos, y de a ratos dormito. Sintiendo una lucha feroz dentro de mi cerebro. Claro que miles de veces me dije que ya no me emborracharía más; pero siempre vuelvo al sillón. Es que nunca me prometí dejar de tomar, entonces no tengo ningún reparo en comenzar tomando una cerveza, porque jamás dije que dejaría de beber. El problema es que cuando quiero darme cuenta ya deje la cerveza y me hice amigo del whisky. Entonces claro, como evitar la borrachera, y la resaca del día después. El maldito domingo me castiga y ya no es un día, porque un día que se pierde no puede ser llamado día. Por eso yo calculo que solo tengo un día a la semana, y no siempre. Pierdo cinco días en el trabajo, por las noches trato de relajarme y disfrutarlas. Pero el cansancio es maldito y traicionero y solo te deja dormido en el sillón. Y sin estar borracho, porque entre semana no bebo, aunque a veces pienso que tendría que empezar a hacerlo. No es divertido tener que despertarse para ir a acostarse a la habitación. Yo no tengo tele en mi cuarto y no la tendría. Detesto quedarme dormido con la tele prendida porque luego la misma me despierta, tengo el sueño muy liviano. Y por supuesto que no llego a apagarla antes de que el sueño me venza. ¿Acaso alguien llega? Los sábados pienso que los disfruto, pero no siempre la apreciación obedece a la realidad. Emborracharse no siempre es divertido, salir con amigos no siempre resulta lo esperado. La juventud no es eterna, y por mas neuróticos que seamos esta no consigue ocultar el paso del tiempo. Cuando estaba en pareja disfrutaba los sábados junto a ella, no hacíamos nada, casi no salíamos, y no me emborrachaba tanto. Por lo que podía disfrutar más el domingo; sin embargo no hacía nada. Yo disfrutaba de no hacer nada, pero ella no, entonces nos separamos y comprendí que en verdad no disfrutaba tanto de no hacer nada. Me quede solo, por lo que los sábados trataba de encontrar una chica que me hiciera compañía por ese día, el domingo tenía que desaparecer si o si, dejarme solo con mi resaca. Pero no siempre tenía suerte, no porque no quisieran abandonarme los domingos, sino porque no conseguía ninguna chica los sábados por la noche. Aunque debo confesar que algunos sábados la gloria era toda mía, entonces sentía que la vida volvía a tener sentido. ¿Que mejor que emborracharse junto a una señorita desconocida? Tal vez lo sea emborracharse junto a los amigos, pero desaparece la opción de tener sexo, al menos entre mi grupo de amigos.
Siempre me gustaron dos tipos de mujeres: aquellas bonitas con humor recatado, aquellas que te acompañan con una copa pero no se emborrachan, aquellas que dejan que te emborraches sin reprocharte nada pero que te hacen saber cuando debes parar para no pasar el límite. Aquellas mujeres elegantes e insinuadoras pero que no visten como rameras, aquellas mujeres que traen consigo la inteligencia. Con esas mujeres uno puede entablar una relación seria, pero por lo general siempre me dejan. Por otro lado me gustan aquellas mujeres que mas que bonitas son provocadoras, que se emborrachan a la par tuya sin noción de los limites, aquellas mujeres que visten como putas pero que uno distingue que no son prostitutas, aquellas mujeres que están dispuestas a acostarse con uno en la primer noche de encuentro. Esas mujeres no son para entablar ningún tipo de relación seria. Al menos mi prejuicio dice eso. En fin, hoy es domingo y ya van varios domingos que los pasó de la misma manera. Habiendo desperdiciado los sábados para luego poder desperdiciar el domingo, rogándole a la muerte que se acuerde y pase por mí antes que el lunes dominical comience a relucir, haciendo a la agonía mas espesa.
No soy un ser tan depresivo o dramático como para estar pidiendo desesperadamente a la muerte que venga por mí. Ni siquiera es que ambicione morir o imagine la muerte en la lejanía del tiempo. Pero hay veces que pido por ella, le pido a dios que me lleve pero claro, si el existe no me llevará. Calculo que me dejaría sufriendo con mi malestar, porque me lo merezco. No soy un enfermo terminal, al menos no en mi presente, el futuro ya dirá. Pero a veces me siento como tal. Sin saber lo que eso significa, siendo completamente injusto con el padecimiento de los pobres enfermos que no tienen cura. Lo mío es una simple exageración, una exageración que casi siempre se hace presente los domingos.
Muchos aseveran que el domingo, el último o el primer día de la semana, como quieran denotarlo, es el día ideal para los suicidas. Un día con alto índice de depresión, y en parte comulgo con ello. Hay tristeza en los domingos después del asado, del partido de futbol. El atardecer que suele ser tan bello y elegante, un domingo se puede convertir en cínico. No hay nada más que hacer y la noche se entristece. El lunes nos empieza a avasallar antes de tiempo. Claro que no todos deben sentir aquel pesar absurdo, deben existir personas que saben disfrutar de un domingo como tal sin darle mayor trascendencia. Yo no a todos los domingos les doy la misma importancia. Los que verdaderamente me pesan son aquellos en los que le pido a la muerte que me lleve. Y debo confesar que lo hago con sinceridad, en aquellos momentos verdaderamente no me importaría morir. Ya les dije que me siento un enfermo terminal, pues ya no soy el de antes, ya no tolero las resacas, el dolor de cabeza, el malestar estomacal, los mareos de la presión. Las ganas de vomitar no se van con facilidad, por más que ya haya vomitado. Y todas aquellas medicinas contra la resaca, verdaderamente a mi no me hacen mayor efecto.
Me levanto de la cama, porque no tolero estar todo el día tirado en la misma. Sin embargo me dejo caer en el sillón y allí me quedo durante todo el día. Con el control remoto en la mano, sin mirar nada, solo hago zapping de a ratos, y de a ratos dormito. Sintiendo una lucha feroz dentro de mi cerebro. Claro que miles de veces me dije que ya no me emborracharía más; pero siempre vuelvo al sillón. Es que nunca me prometí dejar de tomar, entonces no tengo ningún reparo en comenzar tomando una cerveza, porque jamás dije que dejaría de beber. El problema es que cuando quiero darme cuenta ya deje la cerveza y me hice amigo del whisky. Entonces claro, como evitar la borrachera, y la resaca del día después. El maldito domingo me castiga y ya no es un día, porque un día que se pierde no puede ser llamado día. Por eso yo calculo que solo tengo un día a la semana, y no siempre. Pierdo cinco días en el trabajo, por las noches trato de relajarme y disfrutarlas. Pero el cansancio es maldito y traicionero y solo te deja dormido en el sillón. Y sin estar borracho, porque entre semana no bebo, aunque a veces pienso que tendría que empezar a hacerlo. No es divertido tener que despertarse para ir a acostarse a la habitación. Yo no tengo tele en mi cuarto y no la tendría. Detesto quedarme dormido con la tele prendida porque luego la misma me despierta, tengo el sueño muy liviano. Y por supuesto que no llego a apagarla antes de que el sueño me venza. ¿Acaso alguien llega? Los sábados pienso que los disfruto, pero no siempre la apreciación obedece a la realidad. Emborracharse no siempre es divertido, salir con amigos no siempre resulta lo esperado. La juventud no es eterna, y por mas neuróticos que seamos esta no consigue ocultar el paso del tiempo. Cuando estaba en pareja disfrutaba los sábados junto a ella, no hacíamos nada, casi no salíamos, y no me emborrachaba tanto. Por lo que podía disfrutar más el domingo; sin embargo no hacía nada. Yo disfrutaba de no hacer nada, pero ella no, entonces nos separamos y comprendí que en verdad no disfrutaba tanto de no hacer nada. Me quede solo, por lo que los sábados trataba de encontrar una chica que me hiciera compañía por ese día, el domingo tenía que desaparecer si o si, dejarme solo con mi resaca. Pero no siempre tenía suerte, no porque no quisieran abandonarme los domingos, sino porque no conseguía ninguna chica los sábados por la noche. Aunque debo confesar que algunos sábados la gloria era toda mía, entonces sentía que la vida volvía a tener sentido. ¿Que mejor que emborracharse junto a una señorita desconocida? Tal vez lo sea emborracharse junto a los amigos, pero desaparece la opción de tener sexo, al menos entre mi grupo de amigos.
Siempre me gustaron dos tipos de mujeres: aquellas bonitas con humor recatado, aquellas que te acompañan con una copa pero no se emborrachan, aquellas que dejan que te emborraches sin reprocharte nada pero que te hacen saber cuando debes parar para no pasar el límite. Aquellas mujeres elegantes e insinuadoras pero que no visten como rameras, aquellas mujeres que traen consigo la inteligencia. Con esas mujeres uno puede entablar una relación seria, pero por lo general siempre me dejan. Por otro lado me gustan aquellas mujeres que mas que bonitas son provocadoras, que se emborrachan a la par tuya sin noción de los limites, aquellas mujeres que visten como putas pero que uno distingue que no son prostitutas, aquellas mujeres que están dispuestas a acostarse con uno en la primer noche de encuentro. Esas mujeres no son para entablar ningún tipo de relación seria. Al menos mi prejuicio dice eso. En fin, hoy es domingo y ya van varios domingos que los pasó de la misma manera. Habiendo desperdiciado los sábados para luego poder desperdiciar el domingo, rogándole a la muerte que se acuerde y pase por mí antes que el lunes dominical comience a relucir, haciendo a la agonía mas espesa.
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