Dies Irae - Prólogo.
Prólogo.
Día de la ira, aquel día
En que los siglos se reduzcan a cenizas;
Como testigos el rey David y la Sibila…
Cuando vimos el bermellón en el cielo.
Fuimos testigos de que el tiempo había llegado.
En el momento que los truenos pasaron de luz a sombra.
Supimos en nuestros adentros que el todo colapsaba.
¿Habría tiempo para algo más?
¿Tendríamos oportunidad de redimirnos?
¿De ver por última vez a nuestras familias?
¿Dedicar un último te amo?
Intente dedicarme a pensar.
Cuando mi corazón decidió volcarse a orar.
Pero mi alma solo me dejo temblar.
¿Es este el juicio prometido por el altísimo?
¿No es una dantesca aparición de aquel llamado Luzbel?
¿O ambos señores son las dos caras de un solo ser?
Día de la ira, aquel día
En que los siglos se reduzcan a cenizas;
Como testigos el rey David y la Sibila…
Cuando vimos el bermellón en el cielo.
Fuimos testigos de que el tiempo había llegado.
En el momento que los truenos pasaron de luz a sombra.
Supimos en nuestros adentros que el todo colapsaba.
¿Habría tiempo para algo más?
¿Tendríamos oportunidad de redimirnos?
¿De ver por última vez a nuestras familias?
¿Dedicar un último te amo?
Intente dedicarme a pensar.
Cuando mi corazón decidió volcarse a orar.
Pero mi alma solo me dejo temblar.
¿Es este el juicio prometido por el altísimo?
¿No es una dantesca aparición de aquel llamado Luzbel?
¿O ambos señores son las dos caras de un solo ser?
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