Sé que soy afortunada por estar en casa, los cobijos nunca faltan. Pero, el maldito y temible "pero" que llega para querer justificar lo injustificable, me lleva a pensar y por qué no a sentir, que extraño estar en mi propio espacio, sola o acompañada, pero con mis "cosas" que son nada. Me siento egoísta y sé que muchos coincidirán en que lo soy. Pero, ¿no sienten « a veces » que estar solo es el abrazo más grande que podemos brindarle a nuestro alma? Ser uno mismo. Conectarse consigo mismo, darle espacio a lo natural, y dejarnos de ignorar. Hacer silencio y permitirnos no escuchar el ruido de la ciudad. Vivir, amar y respirar el aire frío, ese que se sumerge en nosotros y se transforma en tibio. Ese calorcito interno que nos acompaña cuando notamos la presencia de lo maravilloso, lo natural, lo diario, a lo que no le prestamos atención cuando vamos apurados. Ese aire frío que se siente al inspirar y que nos atraviesa el pecho cuando nos volvemos a encontrar; como si se tratase de dos enamorados que luego de mucho tiempo se vuelven a amar. Esas caricias que nos hacen bien al alma, son las caricias que nos envuelven en la calma, a la que siempre neces y pocas veces está a la hora justa y en el lugar indicado. 
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