Fracasé por no llegar a mi meta. Fracasé por decir lo que quería ser y no lo logré. Fracasé y confié en quienes no debía. Fracasé y me caí tan fuerte que no seguí. Fracasé y no seguí intentando. Fracasé y me quedé sin fuerzas. Fracasé y me hundí en mis peores pensamientos. 
Hoy puedo decir que no cumplí mis expectativas, que soñé en grande, que no confié en mi misma pero tambien puedo asegurar que no alcancé a enorgullecer a mis viejos. 
Hoy puedo suponer que mi familia espera más de mí, pero reconozco que no sé qué más hacer para subir. 
Todos los que no confiaban en mí, tenían razón. Razón que no llegaría a la cima, que no estaba a la altura, que no podría conmigo misma, que esta carrera, mi carrera, no era para mí. 
La presión social aprieta mucho más que un par de zapatos pequeños, aprieta mucho más cuando tu cabeza es débil, cuando nunca fuiste líder, cuando no crees que sos capaz de hacerlo porque alguien más se adelantó y te dijo que sería extremadamente difícil e imposible para ti. 
Todas esas burlas, esas voces con mala intención y el bullicio de las clases, son los que me acompañan desde el primer llanto cuando recursé una materia, la única en toda mi carrera. 
Los malos deseos de mis pares en la secundaria junto con las miradas de "no va a poder" de mis profesores, se me vienen a la mente cada vez que me veo a mis 13 años diciéndole a todos lo que quería ser de grande. 
¿Por qué cometí el error de decir mi verdad? ¿Por qué di mi palabra? ¿Por qué me cuesta esquivar la pregunta? ¿Por qué mejor no habré dicho que no sabía? 
Mi palabra. Mi valiosa e irrefutable palabra, la que nunca pude quebrantar, la que siempre di y quise confirmar con la certidumbre que me caracteriza. Mi palabra siempre tuvo su veracidad pegada. Y la tiene. Por eso es que me cuesta tanto reconocer que no lo logré. No alcancé el éxito y no creo que algún día lo alcance. Apenas toque el camino con la punta de mis dedos y todo se desvaneció. Apenas si lo intenté y ese contrato nunca llegó. Di todo de mí y más. Me entregué en cuerpo y mente a mi labor, pero no alcanzó. 
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Hoy me pesa el fracaso, mis 25 años y mi fracaso. Ese que no se borra, no se va. Lo siento, me aplasta... Y yo solo quiero cumplir con mi palabra, esa que les di a mis papás. 
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