Sollozos desesperados salen de mi boca mientras me aferro a su cuerpo cual salvavida en medio de la tormenta, ruego con mis ojos ardiendo que no me deje, que lo amo profundamente, que sin él me muero. Sé que me equivoqué. Actué errática delante de sus amigos y compañeros de trabajo y como fiera salvaje me abalancé sobre esa mujer que oso tocarlo, pero la vi, juro que la vi. 

Vi como lo tocaba de manera descarada, vi cómo lo miraba con deseo y le sonreía coqueta. Quería quitármelo, quería alejarlo de mí y el solo hecho de imaginar que se va de mi vida, me llena de ansiedad.

Ella grita y solloza temblando desesperada aferrada a mi cuerpo, rogando para que no la deje, me dice atropellada cuanto me ama y yo solo puedo corresponder a su abrazo mientras el sentimiento de regocijo brota de mi pecho.

Se supone que debo de estar molesto.

Me acaba de humillar delante de mis amigos, mis colegas y mis jefes.

Ha golpeado e insultado a una compañera de trabajo al punto de arrastrarla por el piso.

Se supone que debo terminar esta relación, pero la realidad es que me llena de satisfacción ver que aun soy indispensable para ella, el motivo de sus alegrías y su propósito para existir.

Y es que lo sabía.

Sabía las intenciones de mi colega.

Me di cuenta de su coqueteo descarado, de su mirada ilusionada y sus intenciones ocultas bajo la formalidad, pero en lugar de detenerla, la dejé. Dejé que siguiera hasta llegar a ese toque impertinente que fue el detonante para el altercado.

Porque necesitaba una confirmación. 

Necesitaba asegurarme que ella todavía me necesitaba con cada fibra de su ser, así como yo necesito cuidarla con la devoción que merece.

Con la voz entrecortada le recuerdo que gracias a él sigo en este mundo.

Por qué cuando estaba en mi momento más bajo solo él se quedó a mi lado.

Solo él me acompañó en mis noches de insomnio.

Solo él abrazó mis demonios y me comprendió cuando todos solo decían que estaba loca.

Solo él mantuvo la paciencia para bañarme y alimentarme cuando mi cuerpo ni siquiera se movía por inercia.

Solo él conoce mi pasado, mis traumas, mi dolor.

Solo él conoce mi tóxico y lamentable origen familiar, cuya dinámica espantosa mataba lentamente el alma de cada uno de sus integrantes.

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Incluso estando en la forma más deplorable encontraba en mi descuido físico una belleza grotesca que me costaba creer pero que él resaltaba con adoración.

Él fue mi luz en medio de la oscuridad que me atormentaba.

Si lo llego a perder, prefiero mil veces sucumbir ante mis demonios antes de perder al lucero que alumbra mi esperanza.

Escuchar sus palabras de gratitud sobre mis acciones pasadas mientras sus ojos me miran con devoción desbordadas, hace que mi alma se regocije y la tranquilidad invada cada poro de mi cuerpo.

Porque está era la confirmación que tanto necesitaba para calmar la angustia y el miedo que me atormentaba desde hacía tiempo.

La amo, pero amo mucho más cuidarla cuando su vitalidad está cansada y suplir cada una de sus necesidades.

Por qué solo yo conozco su pasado.

Solo yo fui espectador en primera fila del maltrato y la injusticia a la que ha sido sometida desde su infancia.

Fui el único que le ofrecía refugio en mi pecho cuando ansiaba un lugar seguro para llorar sin ser señalada.

Fui el único que se atrevió a sostenerla cuando todos le dieron la espalda y la dejaron a su suerte para morir.

Fui el único en entenderla.

Fui el único en comprenderla.

Fui el único en amarla incluso en su faceta más decadente.

Si ella deja de necesitarme… ¿Qué utilidad tendría en su vida?

Me limpió las lágrimas con el dorso de la mano y lo miró fijamente, desnudando mi mayor debilidad. Le prometo que voy a cambiar, que dejaré de lado mis proyectos, mi carrera, mis sueños y todo lo que pretenda alejarme de su lado. No me importa renunciar a mi futuro si con eso evitó que un día se aburra de mí y decida abandonarme. Prefiero ser una sombra vacía, pero a su lado, antes que una mujer exitosa en la más completa soledad. Él es mi único proyecto, mi único mundo.

La escucho renunciar a su propia existencia con una sumisión que me desgarra y me fascina a partes iguales. Finjo una mirada de dolor y pesar en el rostro al ver cómo está dispuesta a tirar su vida a la basura solo para convertirse en mi satélite, pero por dentro, una satisfacción retorcida y embriagadora me recorre las venas. La estrecho contra mi pecho, susurrándole que todo estará bien. 

La amo, por supuesto que la amo, pero amo infinitamente mucho más el hecho de saber que su cordura y su vida dependen enteramente de mí.

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