Cuando creíste conocer la luna se apagaron tus suspiros de un soplido...
Un centenar de luces en tu piel rozaron las ganas de abrigar otros colores, pero cerraste al caminar sin admirarte en el vibrar de tus sentidos.
El sol salió entonces abrigado a tu nostalgia... ¿ves que también los rayos tienen su encanto sobre las sombras?
Amanece un nuevo despertar, y con él, dormido aún el camino por descubrir, que al sólo compás de tus pasos sobre la lluvia se hace ciego el bostezo y el sueño desaparece.
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