Háblame, escríbeme, ríete. Hazlo como quieras pero déjame entrar en ti, no permitas que me quede con la duda de si eres tan diferente como pareces. Cuéntame por qué llegaste aquí y por qué no a ninguna otra parte, dime por qué tenías que ser tú y no otro el que se colara entre mis huecos. Explícame que te hizo mirarme dos veces y por qué me estás dejando que te pida tantas cosas. Quiero saberlo todo, cada caída y cada herida, cada vez que te diste cuenta que casi nada dura toda la vida y sobretodo cuéntame como aprendiste a levantarte. El por qué te ríes así, tan escandaloso y con los ojos achinados, dime como consigue alguien en dos semanas poner en orden todo tu caos. Enúnciame todas tus verdades y después dime como se fueron cayendo cada una. Y que no se te olvide mencionar el por qué estamos aquí, tu y yo, sin saber si quiera donde vamos o si vamos a algún sitio, quizás tampoco se esté tan mal aquí. Estás conmigo y eso empieza a bastarme, y he de reconocer que decirte esto me da miedo. No sé que pretendes ni qué quieres de mi, pero voy a darte la oportunidad de que me demuestres que contigo no me he equivocado, de que hagas conmigo lo que quieras y después decidas si hay algo en mi que te empuja a quedarte. Creo que merecerá la pena comprobar esta vez si tenemos algo que no hemos visto nunca en nadie más. Por eso y por qué me da la gana, cuéntame, que no sabes lo bonito que es no necesitarte pero querer con la misma fuerza que estés aquí.  
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