De: Prosas Del Vertedero (Cuaderno Secreto)
De: Prosas Del Vertedero (Cuaderno Secreto)
10 - 7 - 2006
Francisco de Quevedo baja el volumen de su radiorreceptor para poder concentrarse en la escritura de sus estupideces
tiene un poco de sueño
mira su cuarto en desorden
huele con repugnancia el delicado perfume del jabón con el que acaba de lavarse las manos ¿manchadas de sangre tal vez?
en este preciso momento constata que no tiene azúcar para su desayuno de mañana
tampoco tiene cigarros
ni marihuana tampoco...
después se da cuenta que los pantalones que le lavó su madre el fin de semana todavía no se secan
-tendrá que usar los mismos de hoy-
Francisco de Quevedo se siente un poco extraño esta noche
le aburre la música, le aburre el libro de gramática inglesa que lee; con desgana acomoda los tarros bajo las gotaras para soportar la lluvia que se avecina; como si se tratara de un número telefónico a memorizar repite la frase "amor constante más allá de la muerte" e imagina el cuerpo caluroso de una tal Liz descongelando su pocilga
Francisco de Quevedo se resiste a llorar
mira la punta de un lápiz, tiene dificultades para escribir en su cuaderno, oye el viento maipucino que presagia la lluvia, escucha también el vuelo de un avión y sueña con el sol de Miami y con su hermana que vuelve a echarle un par de tallas en el idioma de Shakespeare, se siente absurdo de repente, se siente viejo -le apesta el ruído que hacen sus vecinos, le apesta la porquería de su pieza, sube el volumen de la radio
¡algo de rock por último para matar el día como se debe! se grita a sí mismo y decide acostarse mejor porque no tiene remedio
pero no sabe, o, más bien, no cree, que pueda ser capaz de conciliar el sueño.
10 - 7 - 2006
Francisco de Quevedo baja el volumen de su radiorreceptor para poder concentrarse en la escritura de sus estupideces
tiene un poco de sueño
mira su cuarto en desorden
huele con repugnancia el delicado perfume del jabón con el que acaba de lavarse las manos ¿manchadas de sangre tal vez?
en este preciso momento constata que no tiene azúcar para su desayuno de mañana
tampoco tiene cigarros
ni marihuana tampoco...
después se da cuenta que los pantalones que le lavó su madre el fin de semana todavía no se secan
-tendrá que usar los mismos de hoy-
Francisco de Quevedo se siente un poco extraño esta noche
le aburre la música, le aburre el libro de gramática inglesa que lee; con desgana acomoda los tarros bajo las gotaras para soportar la lluvia que se avecina; como si se tratara de un número telefónico a memorizar repite la frase "amor constante más allá de la muerte" e imagina el cuerpo caluroso de una tal Liz descongelando su pocilga
Francisco de Quevedo se resiste a llorar
mira la punta de un lápiz, tiene dificultades para escribir en su cuaderno, oye el viento maipucino que presagia la lluvia, escucha también el vuelo de un avión y sueña con el sol de Miami y con su hermana que vuelve a echarle un par de tallas en el idioma de Shakespeare, se siente absurdo de repente, se siente viejo -le apesta el ruído que hacen sus vecinos, le apesta la porquería de su pieza, sube el volumen de la radio
¡algo de rock por último para matar el día como se debe! se grita a sí mismo y decide acostarse mejor porque no tiene remedio
pero no sabe, o, más bien, no cree, que pueda ser capaz de conciliar el sueño.
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