De forma difusa.
Te esperó; una noche vacía bajo el alumbramiento de la calle que daba al bosque; a su bosque.
Ésa noche la citó, ella y él, para revivir momentos; que no volverán.
No llegó.
Esperó otra semana para volver a ir, como siempre lo hizó durante 6 meses; los mejores.
Tampoco llegó.
Y la esperó durante horas, la llamó, le escribió mensajes, se limitó a pensar que lo había olvidado; no volvería a ocurrir.
La esperó, minutos y horas que parecieron días y años sin ella.
Recordó que ésa noche sí lloró, y sólo quiso pensar que después volverían a ser los que éran.
Pasaba otra semana, y él le escribía, la llamaba y buscaba.
No sabía nada de ella, y éso lo mataba; lo destrozaba.
Pasó otra semana y fue, dónde siempre, sólo para recordar como la había visto la última vez; y para recordar todo lo que hablaron aquella noche; como se sentía irse de algún lugar, que era duro pero al final se sentía bien.
Qué los peores momentos son los que se viven a ratos por un tiempo; porque es algo que no se vuelve a repetir.
La siguiente semana fue y comprendió lo que ella quería; quería que la dejara para saber como se siente, como todo era muy sutil o muy difuso. Que ya no volverían; ya no iría.
Y fue al alumbramiento durante los siguientes seis meses, no ha esperarla. Sino a vivir cada día; poco a poco, paso a paso. Para sentirse limerenciado por sus momentos; se volvió su espacio, ya no era lugar... Porque ya no existía uno.
Y al final, se dió cuenta que fue lo mejor, que la vivió y amo como a nadie más, que no volvería a pasar.
Y cuendo ella se fue murió por seis meses más.
Pero cuando él se fue; comenzó a vivir.
Gracias a ella, porque ése era su plan, ésa era su historia, con ése mismo final.
Ésa noche la citó, ella y él, para revivir momentos; que no volverán.
No llegó.
Esperó otra semana para volver a ir, como siempre lo hizó durante 6 meses; los mejores.
Tampoco llegó.
Y la esperó durante horas, la llamó, le escribió mensajes, se limitó a pensar que lo había olvidado; no volvería a ocurrir.
La esperó, minutos y horas que parecieron días y años sin ella.
Recordó que ésa noche sí lloró, y sólo quiso pensar que después volverían a ser los que éran.
Pasaba otra semana, y él le escribía, la llamaba y buscaba.
No sabía nada de ella, y éso lo mataba; lo destrozaba.
Pasó otra semana y fue, dónde siempre, sólo para recordar como la había visto la última vez; y para recordar todo lo que hablaron aquella noche; como se sentía irse de algún lugar, que era duro pero al final se sentía bien.
Qué los peores momentos son los que se viven a ratos por un tiempo; porque es algo que no se vuelve a repetir.
La siguiente semana fue y comprendió lo que ella quería; quería que la dejara para saber como se siente, como todo era muy sutil o muy difuso. Que ya no volverían; ya no iría.
Y fue al alumbramiento durante los siguientes seis meses, no ha esperarla. Sino a vivir cada día; poco a poco, paso a paso. Para sentirse limerenciado por sus momentos; se volvió su espacio, ya no era lugar... Porque ya no existía uno.
Y al final, se dió cuenta que fue lo mejor, que la vivió y amo como a nadie más, que no volvería a pasar.
Y cuendo ella se fue murió por seis meses más.
Pero cuando él se fue; comenzó a vivir.
Gracias a ella, porque ése era su plan, ésa era su historia, con ése mismo final.
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