Cuestion de Instinto
Cuestion de Instinto
Mi amigo dejo de ser antisemita el día que se cruzo con un grupo de skinheads y lo molieron a palos confundiéndolo con un judío.
Le dieron bastante duro; tabique roto, tres dientes menos, problemas de visión en el ojo izquierdo, problemas de audición en el oído derecho, costillas fracturadas y demás azotes que marcaron su persona por fuera y por dentro.
Aquel día sintió en carne propia lo que vivía pregonando. Aquel día comenzó a renegar de su naturaleza germánica y fascista. Aquel día, mientras yacía en el hospital y observaba como el suero le inflaba las venas. Aquel día… decidió volverse Judío.
Y así fue que aun perteneciendo a una pequeña y débil rama del árbol genealógico producto de una semilla de Hitler, comenzó a ser parte de la colectividad; quemo todos sus libros esvásticos, decoro su calvicie con un kipá y se memorizo el monólogo de Al Pacino en “el mercader de Venecia” ese que decía: ¿Es que un judío no tiene ojos? ¿Es que un judío no tiene manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? ¿Es que no se alimenta de la misma comida, herido por las mismas armas, sujeto a las mismas enfermedades, curado por los mismos medios, calentado y enfriado por el mismo verano y por el mismo invierno que un cristiano? Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos hacéis cosquillas, ¿no nos reímos?, Si nos envenenáis, ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis, ¿no nos vengaremos?
Shakespeare y Al Pacino, deliciosa combinación por cierto…
En fin, mi amigo, apasionado y violento por naturaleza, convoco a decenas de judíos y los convenció de formar un movimiento. Los Shylocks.
Y así fue como los Shyloks se enfrentaron a los Skinheads, y se mutilaron unos a otros en una batalla que duro tres días y dejo un reguero de cientos de cadáveres por toda la ciudad; guerreros idealistas, yacientes con sus caras desfiguradas y sus cuerpos desquebrajados, con sus estrellas de David y sus cruces esvásticas; sangrando, agonizando, muriendo; mirándose entre si, adorándose y aprobándose unos a otros en cada ultimo aliento.
Mi amigo sobrevivió; volvió a mutar sus ideales y se volcó hacia las doctrinas budistas, pero viendo que no encontraba forma alguna de justificación al guerrero sediento de sangre que llevaba dentro, se embarco rumbo a oriente, y se estableció en Pakistán. Allí, encontró lo que buscaba.
Mi amigo… no era Antisemita ni judío, él solo era una persona con ansia de muerte que necesitaba evidenciar sus actos mediante creencias ideológicas.
El mundo esta plagado de personas como él. Esa es la razón de todo, la razón de los holocaustos y de las masacres históricas. La esencia del humano. El instinto asesino…
Martín Kaos...
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