Cuento sin final
Y entonces ahí fué donde nos miramos
-¿a los ojos?
No. Nuestras miradas se estrellaron cuando sentimos que habíamos sujetado nuestras manos casi sin pensarlo.
-¿y vino un beso?
Suspiré. En ese momento mi cuello fué rosado por una caricia helada, erizando mi piel. -Sí, existió un beso-.
-Dirás existe, porque cuando los labios se conocen con otros, jamás se olvdan-.
-No dije que fuí a sentir su boca-.
-¿Cómo?
-Sí. La besé en el rubor de sus mejillas, al verla nerviosa, con brillo en sus ojos y una sonrisa tímida como cuando un niño quiere jugar y no sabe como invitar a alguien que lo acompañe. La besé en el silencio de sus reacciones, mientras mis dedos y los de ella, eran una enredadera de sensaciones. La besé en sus nervios, en su naturalidad-.
-¿Y al final qué pasó?-.
-Final no hubo, ella fué el principio de una historia que será escrita cada día a su lado-.
-¿a los ojos?
No. Nuestras miradas se estrellaron cuando sentimos que habíamos sujetado nuestras manos casi sin pensarlo.
-¿y vino un beso?
Suspiré. En ese momento mi cuello fué rosado por una caricia helada, erizando mi piel. -Sí, existió un beso-.
-Dirás existe, porque cuando los labios se conocen con otros, jamás se olvdan-.
-No dije que fuí a sentir su boca-.
-¿Cómo?
-Sí. La besé en el rubor de sus mejillas, al verla nerviosa, con brillo en sus ojos y una sonrisa tímida como cuando un niño quiere jugar y no sabe como invitar a alguien que lo acompañe. La besé en el silencio de sus reacciones, mientras mis dedos y los de ella, eran una enredadera de sensaciones. La besé en sus nervios, en su naturalidad-.
-¿Y al final qué pasó?-.
-Final no hubo, ella fué el principio de una historia que será escrita cada día a su lado-.
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