Siempre he creído que al nacer no solo somos  un nuevo ser humano sino también somos componentes de sueños.
 
Sueños que vienen de nuestros padres al vernos recién nacidos, al sentirnos contra su pecho y al acariciar nuestra piel.
 
Se sueña en un futuro, se crean planes y esperanzas. Sin embargo sin aún entenderlo tan claramente, aquellos sueños se alejan.
 
Y he escuchado que en momentos se culpa a un sistema, a un gobierno. He escuchado también que el dinero suele ser el alimento que algunos tienen para seguir nutriendo su sueño pero que en otras ocasiones muchos carecen y dejan hambriento y desnutrido a aquella esperanza de lograr cumplir el anhelado sueño.
 
Al caminar por las calles de mi ciudad, por curiosidad, me he quedado mirando los rostros de mi entorno, de las calles, de las personas.
 
Miro primero a los niños, aquellos que sueñan y que pueden llevar acabo con facilidad una vivencia de sueños transportados en juegos.
 
Miro a los adolescentes que sueñan en crecer, en ser adultos para poner fin a los límites que les imponen.
 
Miro a los jóvenes, quienes empiezan a soñar, acompañados de ilusiones, progreso y cambios. Sus labios transmiten innovación y calidez. Ellos ya no sólo quieren soñar, sino vivir sus sueños. Compartirlos con los demás y tratar de mejorar un mundo que para su perspectiva, es frio y triste.
 
Luego miro los rostros de los adultos, quienes han dejado de soñar y que al parecer se enfrentan a una realidad dictatorial. Y de pronto se encuentran ahí, comprendiendo pocas cosas que pasan en su entorno, que tal vez de niños o de adolecentes jamás imaginaron haber estado en ciertas situaciones. Pero la necesidad de seguir viviendo y la necesidad social impuesta los ha llevado ahí.
 
Sin embargo rebeldes de la vida y de la cruel realidad, en momentitos secretos se atreven a soñar, a pensar en vidas alternas, cumpliendo sus metas. Hay rebeldes que siguen tratando de cumplir sus sueños, pero aquellos que por fuera se ven fuertes, se sabe que la realidad los ha mutilado por dentro, cobrándose el atrevimiento de no seguir las reglas y los soñadores lo saben a eso lo llaman sacrificios.
 
Por ultimo mire a una persona de edad mayor, sentado en un parque, en calma, sintiendo la brisa pasar por su rostro y sus manos. Mirando ya con esfuerzo y poca claridad debido al desgaste. Me acerque preguntándole si aún sueña.
 
Página 2
Aquel señor me miro y me dijo. Soñé y sigo soñando, pero sabes, ahora sueño en poder vivir una vez más mi vida. Sé que hubo cosas que no pude cumplir, sueños que se escaparon. Pero eso amigo mío me ha enseñado algo muy especial; El amor, amor a mis padres que ya no están conmigo, amor a mi esposa que conocí en el momento menos esperado y soñado. A mis hijos que por ellos velaba contento sus sueños. Ahora amigo, sueño con mi buena vida que tuve…
 
 
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