Crónicas de Parchitas
He vislumbrado un malvavisco en un sereno andar; él susurra palabras a una pipa en el cielo con la que domina las arenas del ayer. Me hace el amor de formas distintas cada vez que visito el ojo de sus guaridas: sirve café por la mañana; desde los hilos de una tinta. A veces arropa a las gallinas con cobijas. Teje una marea de estrellas en la Tierra y vigila las promesas del ayer en lo que él, es inevitable como nadie. Pero eso no es lo que importa; lo que importa es el nosotros. Amigo; amabilidad hecha amante de perdón; una ruina hecha amor desde el perdón de un corazón; entre existieres que estallan desde las lonas de un corazón que se mece por una mano de cuna. Y esgrime el terreno; y esgrime el afluente; revive con rostros mesurados como uno y como dos. Y entre más se piensa que no existe, se mece algo entre el engendro de lo terrenal que es maravilla y arriba más arriba ante el trono de los ángeles que comen chocolate entre ejemplos y patrañas; vislumbra por un caleidoscopio a las mariposas de nuestros estómagos. Como si la seda de sus vestidos no importara y se midiera en un tafetán de cósmicos entre sus lienzos.
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