Contemplación
En la lejanía del camino se vislumbra una mirada firme, que refleja un carácter fuerte y persistente, el carácter que se requiere para subsistir en medio de la selva lacandona.
Es Xiomara, una mujer de la raza Quetzaltl, antiguos dueños y propietarios de estas tierras, hoy recluidos y olvidados en medio de la selva, Pero a pesar de esa adversidad Xiomara mantiene el orgullo y sabiduría de su pueblo, es una mujer amante de la naturaleza y como toda indígena gran conocedora y respetuosa de la misma.
Son más de cinco horas de camino a pie por en medio de la selva, desde el poblado de frontera corozal hasta donde está la choza de Xiomara, sin embargo ; es necesario hacer dicha travesía, pues mi hijo está enfermo y nadie en la ciudad ha podido curarlo.
Después de mucho caminar hemos arribado a una choza de madera y techo de palma, en su interior una mujer morena de rasgos autóctonos nos recibe en su interior y esboza una pequeña sonrisa, a la vez que con sus manos callosas pero delicadas acaricia la cabeza de mi hijo, para después acostarlo en el piso de tierra de su humilde choza, y quitándose los brazaletes y collares que trae puestos en sus brazos y cuello, saca una botella como de mezcal y unas hierbas de la región.
Su rostro irradia una energía indescriptible tan brillante como el sol, pero a pesar de la firmeza de esa mirada se percibe un alma tranquila y apacible que con voz firme inicia su cantar y diciendo una oración sacude las ramas alrededor del cuerpo de mi pequeño, y de repente un estruendo azota la región con firmeza ordena a los demonios, a mi hijo abandonar, el cae en un profundo y revitalizador sueño, mientras Xiomara cae desvanecida a su lado por la energía usada para vencer a los demonios, después de un largo rato y al anochecer ella despierta y con en su rostro se refleja la satisfacción de haber ayudado a su prójimo una vez más, y no hay mayor pago para ella que la sonrisa renaciente del niño recién curado.
Xiomara ha logrado lo que los médicos de la ciudad no pudieron conseguir, y es que a veces la ciencia no tiene respuesta para esas cosas que solos los conocedores de la naturaleza y los espíritus pueden responder, y no es cuestión de superstición si no de fe, y es que el hombre se ha curado desde antes que Galeno diera las pautas a la medicina moderna o que Pasteur descubriera la penicilina, y asi como Xiomara, nuestros antepasados han conocido y dominado estos secretos hoy tan relegados
Es Xiomara, una mujer de la raza Quetzaltl, antiguos dueños y propietarios de estas tierras, hoy recluidos y olvidados en medio de la selva, Pero a pesar de esa adversidad Xiomara mantiene el orgullo y sabiduría de su pueblo, es una mujer amante de la naturaleza y como toda indígena gran conocedora y respetuosa de la misma.
Son más de cinco horas de camino a pie por en medio de la selva, desde el poblado de frontera corozal hasta donde está la choza de Xiomara, sin embargo ; es necesario hacer dicha travesía, pues mi hijo está enfermo y nadie en la ciudad ha podido curarlo.
Después de mucho caminar hemos arribado a una choza de madera y techo de palma, en su interior una mujer morena de rasgos autóctonos nos recibe en su interior y esboza una pequeña sonrisa, a la vez que con sus manos callosas pero delicadas acaricia la cabeza de mi hijo, para después acostarlo en el piso de tierra de su humilde choza, y quitándose los brazaletes y collares que trae puestos en sus brazos y cuello, saca una botella como de mezcal y unas hierbas de la región.
Su rostro irradia una energía indescriptible tan brillante como el sol, pero a pesar de la firmeza de esa mirada se percibe un alma tranquila y apacible que con voz firme inicia su cantar y diciendo una oración sacude las ramas alrededor del cuerpo de mi pequeño, y de repente un estruendo azota la región con firmeza ordena a los demonios, a mi hijo abandonar, el cae en un profundo y revitalizador sueño, mientras Xiomara cae desvanecida a su lado por la energía usada para vencer a los demonios, después de un largo rato y al anochecer ella despierta y con en su rostro se refleja la satisfacción de haber ayudado a su prójimo una vez más, y no hay mayor pago para ella que la sonrisa renaciente del niño recién curado.
Xiomara ha logrado lo que los médicos de la ciudad no pudieron conseguir, y es que a veces la ciencia no tiene respuesta para esas cosas que solos los conocedores de la naturaleza y los espíritus pueden responder, y no es cuestión de superstición si no de fe, y es que el hombre se ha curado desde antes que Galeno diera las pautas a la medicina moderna o que Pasteur descubriera la penicilina, y asi como Xiomara, nuestros antepasados han conocido y dominado estos secretos hoy tan relegados
1170


Cargando comentarios...