HISTORIA DE UN ASESINO NOCTURNO
Publicado en Dec 08, 2009
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La sangre recorrió su cuerpo desnudo. Había matado de nuevo y si bien aquello no lo hacía feliz, si había saciado su sed. Nunca había perdido la conciencia mientras llevaba a cabo alguno de sus asesinatos, sin embargo, algunos de sus colegas ya le habían advertido de las consecuencias a las que lo llevaría continuar matando a cualquiera que se le cruzara en su camino, ellos al contrario de él, habían optado por solo desmayar a sus víctimas para consumir así el vital líquido que los mantenía vivos. Sin embargo, Vladimir Faulker no podía controlar aquella parte asesina dentro de él. A Vladimir no le gustaba ver a la gente asesinada después de haber bebido sangre, pero a su otro yo eso parecía agradarle y bastante.
Fue una noche oscura y tormentosa de octubre cuando Vladimir decidió que debía controlarse, ya estaba harto de que su otro yo lo controlara cada vez que decidía obtener su alimento. Paró en un bar cerca del centro de la ciudad y decidió que ahí llevaría a cabo su primer desayuno tranquilo, porque Vladimir no podía salir de día y la noche era como el día para él. Las personas dentro del bar conocían a Vladimir, de hecho, el cantinero principal había sido su amigo desde hacía unos cuantos cientos de años.
                Hola Viktor. Saludó Vladimir. El cantinero volteó hacia a él y le dirigió una sonrisa.
                ¡Vladimir! ¿Cómo has estado? A diferencia de otros de su especie, Viktor era muy distinto: le había crecido una abultada barriga y aquel aire demoniaco, tan común entre los "bebedores de sangre" había sido transformado en un aire tan común como el de cualquier persona feliz de serlo.
                Bien, sólo he venido a visitarte ¿cómo va el negocio?
                Pues puedes verlo tú mismo, va bastante bien ¿quieres que te sirva algo?
                No, gracias amigo.
Afuera del establecimiento, las gotas de lluvia golpeaban contra el pavimento, produciendo constantes sonidos, parecidos a un splash. Una mujer entró al bar, llevaba puesto un abrigo rojo, el aroma de su sangre era bastante atractivo, tanto Vladimir como Viktor pudieron percibirlo.
                ¿Has olido lo mismo que yo? Preguntó Vladimir, esperando una pronta respuesta afirmativa de su amigo.
                N-no se de q-que m-me estás hablando. Tartamudeó Viktor, aquel tartamudeo lo delató, sabía perfectamente de que hablaba Vladimir, pero no quería reconocerlo.
                Es irresistible.
                Por favor Vlad, te lo ruego, no quiero problemas aquí. Exclamó temeroso Viktor.
                No te preocupes Viktor, ya no mato gente, sólo quiero su sangre. Mintió Vladimir, Viktor lo miró a los ojos buscando la mentira, pero no logró descubrirla.
                Está bien Vlad, sólo procura que los demás clientes no te vean. Dijo Viktor dándole unas palmaditas en la espalda a su amigo.
                Si amigo, no te preocupes.
La mujer de abrigo rojo y apetitosa sangre se había sentado sola en una mesa lejos de la barra, Vladimir se acercó a ella con aire despreocupado y confiado.
                Hola madmoiselle. Exclamó Vladimir. Aquella mujer era extremadamente bella: cuerpo esbelto, piernas bien torneadas, pechos firmes, nariz respingada, boca pequeña, ojos azules y una cabellera larga y rojiza. Lo único raro de aquella mujer era su color de piel, era extremadamente pálida.
                Hola. Dijo la mujer volteándolo a ver de manera rápida para regresar a ver la mesa.
                ¿Puedo sentarme aquí? Preguntó Vladimir sin apartar sus ojos de ella.
                Si, por que no. Respondió ella, aunque parecía no darle importancia. Vladimir tomó una silla y se sentó frente a ella. Había algo en ella, algo que le atraía a Vladimir que no era su sangre, era ella.
                ¿Cómo te llamas? Preguntó Vladimir.
                Annette. Respondió la mujer. Vladimir buscó la mentira en sus ojos y la encontró. Aquel no era su nombre, mentía pues seguramente no confiaba en él.
                Perdón por no presentarme primero señorita, me llamo Vladimir Faulker. Dijo sonriendo y le tendió la mano en gesto de saludo.
                Yo nunca pregunté su nombre, no me interesa. Dijo la mujer. Vladimir retiró la mano que había posado en gesto de saludo. Quería conquistarla, quizá no solo para beber su sangre, de hecho, se había olvidado por completo de la sangre, ahora sólo le interesaba conquistarla.
                ¡Cantinero! Exclamó Vladimir levantando la mano hacia donde estaba Viktor, este corrió hacia la mesa donde se encontraba su amigo.
                ¿Qué se te ofrece Vlad? Dijo Viktor esbozando una sonrisa.
                Tráenos una botella de tu mejor whisky si eres tan amable.
                A la orden amigo. Pero dentro de esta última expresión de Viktor hubo algo extraño. Corrió hacia la barra por la botella de whisky tapándose la nariz con la mano izquierda.
La dama de abrigo rojo observó por primera vez con detenimiento a Vladimir.
                Entonces conoces al cantinero.
                Si, somos amigos. Lo había conseguido, al menos en parte, Vladimir había logrado captar la atención de la mujer.
                Perdóname si no me presenté antes de manera adecuada, me llamo Alice Copperton. Exclamó la mujer, esta vez, fue ella la que extendió la mano en gesto de saludo. Viktor no tuvo que buscar la mentira en sus ojos, ahora hablaba sinceramente. Extendió su mano para devolver el saludo.
Platicaron por un largo rato, cuando la botella de whisky llegó a su mesa, la cual por cierto, no fue traída por el cantinero en persona sino por uno de los empleados, comenzaron a tomar una tras otra copa de la bebida, charlaron hasta la media noche, los dos riendo, olvidándose de sus problemas. Fue a la media noche cuando la vejiga de Vladimir le pidió a gritos ir al baño.   
                Ahora vuelvo, necesito ir al baño.
                Si, no te tardes. Alice ahora también sentía atracción hacia él. Se imaginó entonces en los brazos de aquel hombre, acariciando su piel, besando su cuerpo.
Entonces pasó.
Vladimir pensó también en Alice mientras se lavaba las manos y se miraba en el espejo del sanitario, la imaginaba en sus brazos besándola, acariciando sus pechos, amándola. Un grito, seguido de muchos otros lo sacó de su mundo de fantasía. Algo estaba ocurriendo en el bar.
El cadáver de una mujer yacía postrado sobre una mesa del bar. Vladimir reconoció aquel cadáver desde el primer instante, llevaba un abrigo rojo y en vida aquella mujer se había llamado Alice Copperton. A un lado del cadáver estaba Viktor con el rostro embarrado de sangre.
                Perdón, tenías razón, su olor era simplemente irresistible. Dijo Viktor. Vladimir cayó al suelo de rodillas y comenzó a llorar. Las sirenas de patrullas y ambulancias sonaron a lo lejos mientras Viktor se lamía la sangre de su víctima de las manos.
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Foto del autor Salvador David
Textos Publicados: 34
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Descripción

Esta es una historia de amor breve y triste, espero q sea de su agrado amigos.

Palabras Clave: Amor

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Terror & Misterio


Creditos: Salvador David


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Salvador David

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December 10, 2009
 

Salvador David

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December 08, 2009
 

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