David
Publicado en Jan 17, 2017
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Al principio todo estaba bien. Me dije que no habría nigún problema, y que era pasajero. Llegué hasta a creerlo, al menos un tiempo. De a poco me fuí dando cuenta que no sería posible. A veces un dolor, a veces un recuerdo. Otras, una visita. Supongo que ellos, al igual que yo, sabían que no podría olvidarlo. Claramente ellos se esforzaban, más que yo, en recordarlo.

Y cómo poder olvidarlo. Poco a poco, lo sentía. Sentía sus brazos extendiéndose a través de mi. Me provocaba una repulsión tremenda. Lo sentía comerme, a veces muy lentamente, otras, con una velocidad desgarradora. Luché muchas veces por detener su avance. Llegué a creer incluso, que lo había logrado. Tan equivocado estaba... Lentamente me consumía, invadía mis entrañas, me secaba y envejecía. Un agujero negro, tragando luz sin vuelta atrás, y sin descanso.

Recuerdo haber sido llevado hasta la locura, y me imaginé amándolo. Temo haberlo hecho.

Cierto día, después de luchar y rendirme muchas veces, simplemente le permití seguir. Estaba ya demasiado cansado, y sabía la derrota inmisericorde a la que llevaba aquella lucha.

Le permití entrar y romperme, hacerme sangrar, clavarme y expandirse. Extender sus raíces hasta los confines de mi ser. Y me gustaría decir que no sentí su avance, pero lo sentí en todo momento. Incluso hoy me provoca escalofríos pensar en ello. Bastaba un movimiento, aún una mirada, para sentir su presencia, cada vez más grande y avasalladora.

Se lo llevó todo, mi adultez, juventud e infancia. No me dejó más que la resignada vejez, el otoño más íntimo, con su lluvia de hojas secas desbordándose de mi. Al caminar, como mis propios sueño, podía sentirlas crujir.

Como las polillas moribundas plagaban los pasillos, moribundos sueños plagaban mi mente. Y cada vez quedaba menos...

En esos momentos deseé buscar una serpiente que me ayudase a volver a mi planeta. Pero mi planeta era éste y la serpiente me buscaba a mí, en mi interior.

Los gritos eran cada vez más comunes, y los podía escuchar como viniendo de otro lado. A veces me costaba creer que era yo quien gritaba de forma tan horrorosa, con tan espantoso dolor, con tan poca esperanza. Jamás pensé que podría gritar así.

Alguna vez quise convertirme en él. Quise, por un instante al menos, ser el que causaba dolor. Quería saber qué se sentía. Por supuesto, eran solo los sueños efermos de un moribundo, alucinando entre placer y dolor, entre vida y muerte. Entre una una vida cada vez más exigua y una muerte cada vez más poderosa.

Cada día costaban más los pasos. Cada día pesaban más mis pies, mis manos, mi sangre.

En las noches de Luna, sólo ella me consolaba. Entre tragos y sollozos, me dormía entre sus brazos, y soñaba. A veces lo más terrible eran los sueños.

Un árbol crecía desmesuradamente, y apenas sus ramas alcanzaban el cielo, sus raíces penetraban lo profundo del infierno. No me es aún posible definir aquel dolor. Dudo incluso, que mis gemidos al despertar le hicieran justicia. No, aquel dolor no era de éste mundo. Eran los gritos desesperados de la muerte, clamando mi nombre y ofreciéndome sus brazos. Recuerdo, en más de una ocasión, haber respondido positivamente. Pero no era suficiente, la muerte quería antes vaciarme de todo deseo y esperanza de vida, y día a día hacía su camino en mí.

Cerca del final, le rogué a mi madre un abrazo, a mi padre su voz, a mis hijos sus manos, a mi esposa un beso. Un beso con el que sentí todo lo que buscaba. "Una palabra tuya bastará para sanarle".

Y la serpiente me encontró.

Entre amor, rabia, dolor, placer indescriptibles, inhalé la que sería mi última bocanada de aire. Miré hacia todos lados; la habitación, el barrio, mi vida, el universo cegándome con su blancura. Lo ví absolutamente todo. Y luego, cerrando los ojos, exhalé mi vida fuera de este cuerpo maldito, desdichado, enfermo.

Recordé mi vida entera, mi niñez, adolescencia y juventud, mi adultez, mis amores y pasiones, mis dolores más profundos. Me desprendí de todo el peso que ya no podía cargar. Que ya no necesitaba. Le puse la otra mejilla a mi historia y, con una sonrisa, renací.
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Foto del autor Carlo Biondi
Textos Publicados: 81
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Descripción

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Palabras Clave: david muerte vida enfermedad serpiente lucha renacer rbol dolor final

Categoría: Cuentos & Historias

Subcategoría: Relatos


Creditos: Carlo Biondi

Derechos de Autor: Carlo Biondi


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