¿Cómo supones que yo pueda olvidarte...?
Dejaste marcada en la piel de mi alma una cicatriz con tu nombre.
Fueron años bien nutridos,
con cálidos momentos y explosivos sentimientos
que encendieron bellos instantes imborrables para el recuerdo.
Besos ardientes que me quemaron la boca y entrecortaron mi aliento,
intrépidas y lúdicas caricias que sacudieron mis cimientos
e íntimos trances audaces que guardamos celosamente en secreto.
El matizado espacio del tiempo fue surcado por nuestras vidas con brisas y vientos
y en las huellas registradas a su paso fueron cada una un hito de piedra;
unos, insertos gratamente en medio de jardines y prados verdes,
mas otros, centrados en amargos lodazales humedecidos por lágrimas de pena.
Hicimos de la vida una bien estructurada senda, muy lógica y cotidiana
que bajo la raya de la suma, cada dígito debió ser graficado por una sonrisa linda.
Sin embargo, porque somos frágiles fragmentos de las circunstancias,
una intempestiva y cruel tormenta fue capaz de atropellarnos…
…Hasta que nos sacó del idílico camino.
Así fue el motivo que dio argumento a las indolentes bofetadas que nos dimos en silencio,
llegando a herirnos mucho más que si hubieron sido ciertas.
Se acabaron las risas y los furtivos encuentros,
los que nos entregaban tanta pertenencia,
aquellos que con solo olerme te excitabas,
o esos que con tu sutil mirada hacían brotar de mis labios
enamorados versos tiernos para tu sentir emocionado.
Hoy, penosamente, extraño tu presencia.
Mucho me hace falta ese suave calor tuyo
que deshacía la gruesa escarcha
de mis muertas instancias, la de los ciclos naturales,
las que ponen reglas a la existencia…
Aquellas que solo tú me soportabas.
Tú, por tu parte, he oído que sufres mi falta;
que taciturno y refunfuñando transitas hacia tu labor cada mañana,
y por las tardes, sentado sólo en la barra de la taberna,
ahogas en alcohol, penosamente, tu alma…
El orgullo de mierda, o el estúpido celo de una antigua jornada,
quebró nuestra dicha para siempre
y nos arrojó hacia la obscura zona de las angustias
para establecernos en ridículos dominios
buscando inútiles respuestas…
Yo, al menos, no creo que pueda olvidarte…
(Quisiera que tú tampoco)…
Mírame entre mi paréntesisUn siervo feliz.TÜ Venus, yo Vulcano.Para el secuestrador de la páginaPara tiComparteMIS DÉCIMAS EN MISANTLA.
CMXVIII EN...Dejaste marcada en la piel de mi alma una cicatriz con tu nombre.
Fueron años bien nutridos,
con cálidos momentos y explosivos sentimientos
que encendieron bellos instantes imborrables para el recuerdo.
Besos ardientes que me quemaron la boca y entrecortaron mi aliento,
intrépidas y lúdicas caricias que sacudieron mis cimientos
e íntimos trances audaces que guardamos celosamente en secreto.
El matizado espacio del tiempo fue surcado por nuestras vidas con brisas y vientos
y en las huellas registradas a su paso fueron cada una un hito de piedra;
unos, insertos gratamente en medio de jardines y prados verdes,
mas otros, centrados en amargos lodazales humedecidos por lágrimas de pena.
Hicimos de la vida una bien estructurada senda, muy lógica y cotidiana
que bajo la raya de la suma, cada dígito debió ser graficado por una sonrisa linda.
Sin embargo, porque somos frágiles fragmentos de las circunstancias,
una intempestiva y cruel tormenta fue capaz de atropellarnos…
…Hasta que nos sacó del idílico camino.
Así fue el motivo que dio argumento a las indolentes bofetadas que nos dimos en silencio,
llegando a herirnos mucho más que si hubieron sido ciertas.
Se acabaron las risas y los furtivos encuentros,
los que nos entregaban tanta pertenencia,
aquellos que con solo olerme te excitabas,
o esos que con tu sutil mirada hacían brotar de mis labios
enamorados versos tiernos para tu sentir emocionado.
Hoy, penosamente, extraño tu presencia.
Mucho me hace falta ese suave calor tuyo
que deshacía la gruesa escarcha
de mis muertas instancias, la de los ciclos naturales,
las que ponen reglas a la existencia…
Aquellas que solo tú me soportabas.
Tú, por tu parte, he oído que sufres mi falta;
que taciturno y refunfuñando transitas hacia tu labor cada mañana,
y por las tardes, sentado sólo en la barra de la taberna,
ahogas en alcohol, penosamente, tu alma…
El orgullo de mierda, o el estúpido celo de una antigua jornada,
quebró nuestra dicha para siempre
y nos arrojó hacia la obscura zona de las angustias
para establecernos en ridículos dominios
buscando inútiles respuestas…
Yo, al menos, no creo que pueda olvidarte…
(Quisiera que tú tampoco)…
¿Cómo supones que yo pueda olvidarte?
14 de octubre de 2019·2 min de lectura
El sentimiento tras una absurda separación.
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