Otra vez a escribir en cuadernos que serán destruidos...

Dí...

¿Le tienes miedo al papel?

¡Pues claro que le tienes miedo!

No le temas al papel;

témele a la fragilidad de lo que eres cuando te despliegas plenamente.

En cualquier segundo dejas de creer en tí, en lo que eres,

y eso no es culpa de la hoja: es culpa de una mente que no logras domar.

(¿En secreto te enorgullece ese caos, sólo porque te pertenece?)

​El vacío devora al vacío.

El presente es la inmediatez del ya

Si la inutilidad es la única certeza cuando miras al fondo,

¿qué más da el miedo al papel?

Vierte el alma una vez más:

completa,

horrenda,

débil,

patética,

de la forma más libre, solitaria y antiestética

de la que seas capaz

​Si las letras son lo único que te queda, siente culpa por perder el filo,

por dejar que el ruido y la niebla te distraigan.

Aunque cargar con tanto lastre estanca y pudre.

Mis antiguos cuadernos eran pestilentes ciénagas;

al quemarlos, exorsicé a los espiritus malignos que vivían dentro.

Ya no son ni sombra de la nada de lo que siento.

Se fueron a un lugar mucho mejor

Que del que provenían

​La palabra escrita le da cuerpo al aire,

pero agota esta reincidencia, esta contradicción continua:

convéncete de que es verde aunque chorree rojo.

El cielo se desploma de pena.

¿Quién elige su propia condena?

¿Quién la sufre en carne viva?

No hay tiempo que perder; jamás lo hubo.

Solo un recordatorio brutal de tu propia locura.

​Si lo invisible es tu reino, si tu mundo no existe,

no presumas de tu libertad:

es solo un chispazo en la penumbra,

una alucinación provocada por la prisa del presente.

Nada que hacer.

Siente el placer de renacer a ciegas, sin porqué ni para qué.

¡Qué trágico se ve el futuro cuando juegas a adivinarlo!

​¡Perlas insuficientes de riquezas que no valen una puta mierda como garantía ante la gran porquería y falsedad de este de lago infeccioso e infectado de apariencias insulsas!

Y sin embargo... todo resulta tan decepcionante.

¿Qué resorte humano activa la rabia?

Silencio. Cierra la boca.

​¡Decepción!

Mi odio pesa lo mismo que mi amor.

Mi maldición me escogió a mí.

No voy a pedir disculpas por el horror de ser lo que soy.

Toda esa masa viscosa y asfixiante también fue real.

¿Atrás quedó el desastre? Quizás.

Si sigo siendo yo, me estrellaré de nuevo a la vuelta de la esquina.

Página 2

¡Y la paz y la esperanza se romperán otra vez en mil pedazos!

Un nuevo golpe, igual de devastador.

Aunque, para la piel fina de mi alma, cualquier brisa es motivo de lágrimas.

​Y sientes que regresas al mismo sitio de donde partiste, y te pones cómodo.

Ya no vale la pena el calor de la sangre hirviendo en la olla de la frustración.

Ya es hora de la transformación.

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