CICATRICES
 
 
A eso de la madrugada del Viernes Santo soñé con Yazira, ella pasaba por la orilla de un río caudaloso, bajando por un desfiladero, atravesaba un alambrado, al otro lado había un campo minado, trataba de advertirle que no pasara, le gritaba ¡Yazira!, ¡Yazira!, ¡Yazira!..., ¡por ahí no pase!,  ella salía  corriendo y gritaba el Bistuná, el Bistuná, el Bistuná,…, estaba nublado,  pensaba ¡qué mujer tan terca!, de pronto se lastima el brazo, trataba de ver por donde se había ido pero la neblina lo impedía, me devolvía caminando  hasta un caserío, eran chozas, un grupo de indígenas gritaba y me soplaba humo de tabaco en la cara, sentía temor,  me decían que un ventarrón se había llevado los techos de las casas,  me echaba la bendición y salía corriendo hasta una carretera.
 
A Yazira  la recomendó una vecina que trabajaba en el mismo sector,  era paisana o medio familiar de ella, por esa época habían venido las hijas de mis   hermanos,  desplazadas por el conflicto armado en Santander, el Ejército de Liberación Nacional, ELN, hacía de las suyas en la región: cobraban vacunas, extorsionaban, reclutaban menores de edad, secuestraban, desplazaban gente, sembraban el terror, mandaban e imponían las leyes, algunos decían que ellos habían hecho un acueducto y una escuela, que si un hombre maltrataba a la mujer, o si era borracho e irresponsable; si un muchacho andaba en vicio  e irrespetaba a los padres, o una mujer andaba  en malos pasos, los ponían en cintura; que a los homosexuales  y a las prostitutas, los perseguían; cobraban vacuna a los pastores de las iglesias, a los terratenientes, ganaderos  y comerciantes.
 
 
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El hijo mayor de mi hermano vino a la Capital a trabajar y a estudiar, hijo de una afro descendiente con quien tuvo una relación antes de contraer matrimonio. Yazira vestía con una blusa de manga sisa, una falda que apenas le llegaba a la rodilla, estampada de flores y sandalias, a pesar de que por aquellos días de abril no paraba de llover, llevaba una cadena gruesa, aretes, una tobillera y una pulsera en oro, hasta le advertí que tuviera cuidado con los ladrones, usaba un buen perfume, llevaba el cabello suelto, le expliqué sobre el trabajo, le dije que había que levantarse temprano y preparar el desayuno, mi sobrino se iba temprano al trabajo, estudiaba en la universidad regresaba en la noche, su hermana trabajaba conmigo y estudiaba en la noche, estaba validando la secundaria, la menor se iba para el colegio en la mañana, en la tarde me hacía los mandados y  me acompañaba; después de preparar el desayuno y despacharlos, Yazira debía preparar el almuerzo, mientras mi sobrina ayudaba a atender las mesas, cuando pasaba el boleo del almuerzo, mi sobrina hacía el aseo del salón y ella arreglaba la cocina, se vendían algunas comidas, a eso de las cuatro ya se desocupaba, tenía una empleada que trabajaba por días, ella lavaba la ropa y planchaba, hacía el aseo en la casa.
 
Yazira era buena cocinera, trabajadora, se levantaba temprano,  tenía una cicatriz  en el brazo izquierdo, un día me dio por preguntarle que le había pasado, me contó que ella había estado con la guerrilla, ¡Jesús Credo!, por esa época habían empezado los Diálogos de Paz del Presidente Pastrana con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, habían desmilitarizado la región  de San Vicente del Caguán, si un cese al fuego, las FARC habían tomado control absoluto de la zona y su población, imponiendo sus propias leyes.
 
 
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las FARC abusaron del propósito de la zona de distensión, las Fuerzas Militares los acusaron porque utilizaron la zona para recuperarse y fortalecerse, militar, política y financieramente, el Gobierno tenía que ejercer el control militar y político de la zona, como lo ordena la Constitución pero con el actuar de las FARC y la permisividad del Gobierno, la presión de diversos sectores de la dirigencia de la política, los gremios y la Cúpula Militar, ellos estaban buscando el estatus de “beligerancia”, al mantener control sobre el territorio al mismo tiempo que se financiaban con el secuestro, la extorsión y el narcotráfico, expandían las operaciones políticas, militares y diplomáticas,  las FARC crearon nuevos frentes de guerra y reclutaron nuevos combatientes, además culpaban al Gobierno de no combatir a sus principales enemigos, los paramilitares Las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC.
 
¡Dios mío!, ¡antes no nos pasó nada!, ¡Jesús Bendito!¡esos guerrilleros eran sanguinarios!, ¡Cómo me duele recordar a mi pobre hermano!, ¡Como lo acribillaron los del ELN!,  acababa de prestar servicio militar, estaba trabajando juicioso en la finca, llegaron a llevárselo, opuso resistencia y lo mataron, le destruyeron el cuerpo a punta de metralla, ¡quedó irreconocible el muchacho!, ¡Dios mío!,  un sobrino de mi padrastro andaba con esa gente en la región, una de sus hijas andaba con un guerrillero, quedó embarazada y como la iban a obligar a abortar, huyó, se fue a la Capital, a  vivir en una Fundación, iba a dar al niño en adopción, de allá escapó, tuvo el niño y regresó a su casa, la abuela trataba mal al peladito, le daba unas muendas, lo dejaba como un Cristo,  humillaba a su propia hija, eso me contaba una empleada que trabajó en la finca de ellos.
 
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Las AUC, quemaron un toro en la finca de ese hombre, al pobre animal le echaron gasolina y le prendieron fuego, ¡cómo bramaba el pobre animal!,  el hombre de rodillas les pedía  que tuvieran piedad,  le dieron tres días para salir dela región, se fue con lo poco que pudo agarrar, con la mujer y los hijos, ¡dejó tirada las tierras!, a los niños de ella se los humillaba, hasta me comentó que en esa finca habían enterrado los cuerpos de una veintena de soldados que murieron en un combate con la guerrilla, no sé si exageraba porque les guardaba rencor, otras personas de la región que decían que no la habían desplazado los paramilitares sino que había salido huyendo porque secuestraron un ganadero, lo llevaban amarrado en un carro, le cubrieron el rostro, el hombre luchó para liberarse y le quitó el pasamontaña, le vio la cara, ¡qué vergüenza!, por eso salió de la región, salió para Venezuela,  ¡allá a empezar de nuevo!, en Pedro María Ureña,  llevaba como veinte años, el Presidente Maduro los sacó de allá, ¡Pobre gente!, ¡Dios mío! ¡Me dolió ver al pobre hombre!, lo reconocí cuando veía en  televisión a los colombianos expulsados de Venezuela, atravesando el río Táchira con sus corotos al hombro para volver al país,   deportaron a miles de colombianos, comentaban que revisaron las casas de los colombianos, las saqueaban, se llevaron los electrodomésticos y las marcaron   con la letra D para luego demolerlas, dicen que el hombre cogió para el Catatumbo a trabajar en una plantación de coca, ahora anda con plata.
 
Cuando estuve en Venezuela visitando a mi familia, defendían el Régimen, recuerdo al menor de mis sobrinos cuando me hablaba del chavismo, decía que  la Revolución se inspiraba en las ideas de Simón Bolívar, de Ezequiel Zamora y de Simón Rodríguez, que fue maestro del Libertador, y en el Socialismo del Siglo XXI, me hablaba de la Revolución Bolivariana. Ese país tiene muchos recursos naturales, petróleo, la gente sigue siendo la misma, lo que cambió en ese país fue la situación política,   ese país siempre acogía a los extranjeros y tenía las puertas abiertas,   pobres, pasando tantas necesidades por causa del Régimen que un día defendieron. ¡Cómo me duele ver en las noticias que tienen que hacer largas filas para obtener víveres!, la inflación es muy alta, hasta están golpeados por la caída de los precios del petróleo y la devaluación de la moneda, el gobierno no puede pagar para importar leche, huevos y harina.
 
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Mi sobrino me explicaba que lo que tenía a Venezuela en crisis era la corrupción política, él tuvo la oportunidad de hacer una especialización en Noruega, me comentaba que en ese país se vivía el Socialismo del Siglo XXI,  hace cinco décadas era la economía más pobre  de Europa y su economía pasó a ser una de las más desarrolladas e igualitaria del  mundo, el rol del petróleo y el ahorro para el futuro, que a comienzos del ’70 el país se puso de acuerdo en qué tipo de sociedad quería y los ciudadanos confiaban en su economía sin estar pendientes de quién administraba cada área del Estado.
 
Noruega logró los niveles más altos de calidad de vida e igualdad de oportunidades para su población, la educación es pública, gratuita y bilingüe, la mayoría de personas menores de cincuenta años habla inglés fluidamente, todos poseen cobertura en salud, la esperanza de vida al nacer es de ochenta años, la brecha salarial entre hombres y mujeres es inexistente, no hay pobreza ni desempleo y la renta por habitante es de cincuenta y siete mil dólares, la cuarta en el planeta, en 1.990 se creó el Fondo Global de Pensiones el Gobierno, fue creado para contrarrestar la merma de ingresos, aislar la volatilidad del precio del barril de crudo y garantizar el pago de jubilaciones futuras, al fondo llegan los millones de dólares que recauda el Estado por impuestos al sector petrolero, hasta le dije “se parece a Colombia”, la calidad de la educación pública es deficiente; ni los profesionales salen hablando inglés; ni hablar del Sistema de Seguridad Social,  los pacientes tienen que acudir a la tutela para recibir algunos tratamientos o medicamentos, “el paseo de la muerte”, hace poco una pobre mujer murió en la calle, esperando que le autorizaran una cirugía; un gran porcentaje de la población no tiene asegurada la pensión y el nivel de desempleo es alto, ¡hay tantos profesionales sin empleo!, sumado a la corrupción, siendo un país tan rico y hermoso.
 
 
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En el sueño veía la cicatriz que tenía Yazira, ella me comentó que en una ocasión había llegado el Ejército a la zona, escuchaban los helicópteros, ellos tenían que salir corriendo y echaron monte abajo por un desfiladero,   sabían que los soldados no se iban a meter por ese lugar, las FARC habían sembrado minas en la región, eran ellos quienes conocían el territorio, ella resbaló, cayó a botes y fue a dar contra un tronco que se le incrustó en el brazo, perdió mucha sangre y se le infectó la herida, me comentó que por esa época rezaba porque ella se había vuelto atea, hiso la Novena al Doctor  San Gregorio  Hernández y la operó pero no mejoró, o tal vez la operó de las hemorragias, porque no volvió a padecerlas, se le había gangrenado el brazo, me comentaba que ellos tenían enfermeros,  los capacitaban para actuar en caso de emergencias, a ella la había operado un enfermero que tenía un libro, él iba leyendo y le cocía el brazo sin usar anestesia,  ni  siquiera en condiciones asépticas.
 
Por ese entonces todavía ella y su compañero andaban juntos, él la cuidaba y sufría al verla enferma, le entraron fiebres muy altas,  tenía alucinaciones, los árboles eran monstruos que se le iban encima; le hablaban los chigüiros y votaban fuego por la trompa; un güío como de siete metros de largo se le enrollaba al cuello y la asfixiaba, ella pensaba que se la iba a tragar como hacía con sus presas, me comentó que una vez los compañeros de la guerrillerada habían cogido una a la orilla de la carretera, la cogieron entre diez y les ganaba en fuerza, ella había visto a la anaconda tragarse una vaca entera y luego vomitarla, la había atacado a la orilla del río cuando el animal bebía agua, me comentó que la vaca había salido viva del vientre de la serpiente.
 
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Ella viajó a Saravena,  decía que Saravena significaba “Mujer recién parida”,  se adentró en la selva araucana,  ella entendía el dialecto U’Wa,  me decía que U’wa significaba águila tijereta, me contaba que eran agricultores y todavía usaban el trueque, vivían de la pesca y la recolección, solía decir que ellos eran verdaderamente libres, eran los hermanos mayores, no participaban en el conflicto  pero muchos de ellos cuidaban los cultivos y trabajaban como raspachines, me decía que era una tierra bella,  había conocido un Werjayá, hombre sabio y la había tratado un Kereka, médico, paso un tiempo entre ellos, mientras la curaron, contaba que los hombres se encargaban de conseguir la leña, la ropa, la sal, la caza y la pesca, eran ellos los que hacían las chozas de  hojas de bejuco, palma y palos, también se encargaban de organizar los eventos religiosos y las fiestas; las mujeres se encargaban de los oficios domésticos, de la desyerba, de la siembra, de hacer mochilas y de recoger las cosechas.
 
El Uejaná sabía rezos para curar enfermedades: fiebres, diarreas, dolor de cabeza, dolor de muela, sabía resolver los partos que se complicaban, interpretar los sueños; ella había aprendido muchos rezos, sabía para que servía cada hierba, podía dominar el miedo, a veces hasta me atemorizaba cuando contaba sus historias, ella me contó en una ocasión que el Uejaná rezaba y sacó un hervidero de gusanos de un animal, no sé si era fantasiosa, me dijo que el Ujená la había enseñado a hacer un rezo para hacerse invisible al enemigo, gracias a ello había salido bien librada de muchos combates con el ejército y los paramilitares, me iba a presentar a la Mansená porque que ella podía ayudarme y librarme de la envidia y de los maleficios..
 
Me había invitado a Saravena  y a San Vicente del Caguán,  no me atreví a ir  por la violencia en la región,  decía que Arauca era un tierra hermosa de flora exuberante: flor amarillo, oloroso, pardillo, ceiba, tolúa, palma real, comino, balso, ceiba, guadua, caña brava, yarumo, palma seje, palma sarare y ni hablar de la fauna: el chigüiro, el chácharo, tigrillo, lapa, picure, venado, armadillo, oso, zorro, mono, serpientes, peces, guacamayas, garzas, pericos, guacharacas, tucanes, pavos, entre otros,  hasta me transmitía ese amor que sentía por su tierra.
 
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Me decía sabe, “La guerrilla es como la anaconda, al que recluta, lo enrolla, lo aprieta, lo asfixia y se lo traga, sólo con suerte o astucia alguien logra salir vivo”, ¡no digo  sano ni salvo!, “una vez se vive en el infierno, es muy difícil salir”, entre la guerrillerada hay gente humilde y buena.
 
A veces me hablaba en el dialecto de los U’Wa, significa gente inteligente y que sabe hablar; liwoa, la gente de los ríos, los llaneros; a los mestizos  se les dice los hijos de Rivá;  Driua, laguna; tokká , totuma; tabára, maracas; Inará, collar, me decía que había aprendido el lenguaje de los cantos, Dreu’aijaca, ella tenía rasgos indígenas, su cabello era largo lacio, de piel morena, pómulos salientes, ojos negros rasgados, labios gruesos, cejas pobladas, nariz ancha, había aprendido a tejer mochilas y a hacer collares, me había ofrecido una mochila pero nunca tuvo tiempo para tejerla. Me decía que que Uejená y Mansená se comunicaban mediante el yopo, el tabaco, el hayo y la cal, la comunidad les tenía respeto y hacían trabajos para ellos, les llevaban obsequios y les llevaban carne y comida a sus casas, eran ellos los que les imponían el nombre a los niños, otorgaban la sal y los alimentos a los niños que ya empezaban a comer, iniciaban a los hombres en la caza, purificaban los objetos que llegaban de afuera; curaban la mordedura de serpientes venenosas; orientaban a las mujeres que iban a ser madres y tenían comunicación directa con los dioses para controlar la naturaleza, para la abundancia de las cosechas, para evitar el hambre, la sequía, las epidemias y los deslizamientos de tierra, me decía que los dioses habían escogido a la mujer, le daban más valor que a los varones, la habían escogido porque sus intereses eran más nobles, sinceros y limpios y no estaban quemados por el fuego, entonces lloraba a mares, ella sufría, me decía que se sentía como un condenado a muerte.
 
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Una vez entró como loca, había un jardín en la parte de atrás, gritaba el pájaro Bistuná, el pájaro Bistuná, el pájaro Bistuná…,  nos asustamos y salimos a ver que era, ¡un colibrí!,  ella recitaba “A beber la miel del yopo, revolotea alrededor las flores, chupa una y otra vez, le es muy difícil volar, se siente pesado y casi no puede revolotear alrededor de las flores, pero al seguir chupando la miel del yopo, se va volviendo más ágil y liviano y es capaz de volar a cualquier altura sin ninguna dificultad, cuando ya el Bistuná tiene esta capacidad, los azulejos lo conducen a donde se encuentran otras flores, las flores del tabaco verde, allá llega alrededor de las flores, chupa y chupa una y otra vez, el espíritu del tabaco llama la tijereta, Simuta, la diosa Madre, quien acude a su llamado y lo conduce hasta el chupaflor, hasta la morada de los dioses”, sabe me decía, “la vida de Bistuná es como el amor verdadero”.
 
Mansená había conseguido dos días antes hayo, coca, tabaco verde y yopo, averiguó sobre la suerte que había de tener para su viaje o problemas que se pudieran presentar en el trance, la mujer que la iba a asistir en el viaje le hiso una limpia, un día antes se recogió, no salió de su casa, debía reflexionar sobre las razones de su viaje y con qué dioses se iba a comunicar y lo que les iba a decir, no sólo para beneficio del enfermo y de la comunidad sino de toda la humanidad, combatir las fuerzas malignas, el encargado del ritual bendijo  el yopo que ella había de consumir, al día siguiente, en ayunas, uno de los ayudantes con la cara mirando al sol le quitó la cáscara al yopo para molerlo, luego lo cocinó y lo arregló como pastillas de chocolate, al otro día en ayunas y mirando con la cara al sol lo hiso polvo para que fuera utilizado por la Madre.  El día del ritual, la Madre se bañó, cuando regresó del baño, asó una yuca y una mazorca en un fogón especial y desayunó en compañía de las personas que iba a asistir en el viaje y de sus ayudantes.
 
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Como a las nueve de la mañana de ese día aspiró la primera dosis de yopo, le daban una dosis cada media hora, ella empezó a entonar los cantos, hiso un recuento de las comunidades puestas a su cuidado, enumeró los árboles que representaban a los ancianos, empezó a subir el tono y gritaba, el ayudante la sostenía por la cintura para que no saliera a correr, el ayudante le llamó la atención al espíritu del yopo para que no ocurriera más la anomalía, como en cinco minutos se recuperó la Madre, como a las cinco de la tarde empezaron a gritar, ella sintió temor, como a las seis de la tarde,  la madre se situó frente a su casa con la cara mirando al sol, nadie podía pasar por frente de ella, una mujer se situó a su derecha, la que orientaba el ritual y a su izquierda la ayudante que había estado con ella durante el día, en la parte de atrás, el ayudante y detrás todos los demás, el orientador soplaba el cuerpo y la cabeza de Mansená y sobre las cosas que tenía guardadas en una petaca con tabaco verde para pedirle al espíritu del yopo que la llevara sobre sus alas, el primero que llegó fue el espíritu del yopo, ella le dio la bienvenida, le pidió que hablara a la gente, revisara y sanara a los enfermos, todos le hablaban, le presentaban sus problemas, yo le pedí que me sanara, que protegiera a mis hijos y a su padre y que me defendiera de los enemigos en el combate, que me volviera invisible a ellos, el espíritu me llamó paciente por la boca de Madre, me dijo que debía hacer y quién debía tratarme, la alimentación que debía consumir, me pidió que acudiera hasta donde la Madre sin miedo para que soplara sobre mí y todas mis cosas,  llevaba yopo y hojas de tabaco verde para que los bendijera sobre males físicos o espirituales. Después fueron llegando uno a uno los dioses, como la Madre se había ido de viaje, regresó al otro día a las nueve de la mañana y se dio un baño.
 
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Me lavaban con jabón de tierra el brazo varas veces al día, me fregaban con ceniza, por unos quince días, me aplicaban  gotas de echinacea y cristales de aloe vera, me aplicaban miel de abejas y me cubrían el brazo con un paño limpio de color blanco, como a los veinte días ya se me había curado el brazo, me daban cinco comidas diarias, me daban a beber jugos de fruta, queso y leche fermentada, pescado y camarones, carne y huevos, cangrejos y fríjoles negros,  comentaba que   estuvo a punto de morir porque perdió mucha sangre y el brazo se le había gangrenado. La pobre mujer parecía un mapa, tenía una cicatriz en la cadera, por impacto de balas en un enfrentamiento con el ejército y otra de una operación por una apendicitis mal practicada, me decía que ella estaba contando el cuento de puro milagro, trabajó como cinco años en uno de los frentes como cocinera, un día  pidió permiso para salir y se les perdió.
 
Por la época que trabajo conmigo andaba huyendo, contaba que se fue un mes de noviembre cuando los hijos salieron de vacaciones del colegio, le rogó al marido que le diera permiso para visitar a la mamá que vivía en San Vicente del Caguán, ella tenía un piqueteadero y canchas de tejo, vendía cerveza, chicha y guarapo, ella le ayudaba por esos días,  allá llegaban los guerrilleros,  un día llegó el hombre y le llamó la atención, él llevaba una botella de whisky, le pidió un vaso y le dijo tráigase otro para que me acompañe, ella sirvió dos tragos, él la miraba, tenía una mirada penetrante, como que sintió una punzada en el pecho,  él siguió visitándola, un día la invitó a salir, fueron a una taberna en el pueblo y luego a un lugar más reservado, estaba enamorada, se quedó a pasar las fiestas de navidad y año nuevo, él le hiso buenos regalos y le dio dinero, en enero el marido la llamó para saber cuándo regresaba, ella ya había tomado la decisión de seguir a su amante  y  se escapó con él.
 
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Un día se levantó mi sobrino como a la media noche y se pega qué susto, encontró a la Yazira a oscuras fumando tabaco arrodillada, andaba haciéndole uno de sus rezos al guerrillero, quería que el tipo volviera con ella, como había tantas muchachas jóvenes en la guerrilla, el tipo les arrastraba el ala,  la había traicionado con una muchacha que tenía catorce años pero aparentaba diecinueve,  ¡la Valerie!, una ojizarca, mona, cascorva, patichueca y bajita que ni siquiera le llegaba a ella a los tobillos, como una vez a la semana tenían permiso para tener relaciones sexuales si se habían portado bien, los varones podían escoger la mujer con la que querían pasar el rato y ellas no podían negarse, ese era el   espíritu de la revolución, él andaba echándole el ojo y la había escogido, a ellos les daban preservativos pero la muchacha quedó embarazada y la obligó a abortar, ahí mismo les practicaban el aborto, había personal capacitado para realizarlos, tenían los libros con instrucciones, la muchacha  presentó una hemorragia y casi se muere.
 
Un día llegó un señor como de sesenta y cinco años, llevaba puesto un abrigo de paño y una boina, un señor amable, preguntó por ella, era el ex esposo, el trabajaba en una panadería cerca al Hospital de la Samaritana, le lloraba y le rogaba que volviera con él, tenían dos hijos, un muchacho de dieciocho años y una niña de dieciséis años,  ella le guardaba rencor al marido, la  hija era madre soltera, él les había dicho que la mamá trabajaba en una vereda en San Vicente del Caguán, los hijos no le guardaban rencor, a ella le pagaban buena plata y ella les giraba buena plata a los hijos, cuando llevaba como ocho meses trabajando conmigo, el hijo se graduó de bachiller, ella fue a la Ceremonia de Graduación, ese día fue muy bien arreglada  y le organizamos un almuerzo.
 
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Le aconsejaba que volviera con el marido pero ella me decía que se había casado con él cuando era muy joven, él le llevaba como veinte años, ella se había venido a la Capital a trabajar y lo había conocido, siempre la había respetado, se casaron y tuvo los hijos pero no lo amaba, su único amor era el guerrillero, además no sabía si en realidad el ex esposo la perdonaba de corazón, a veces le hacía reproches por haber dejado a los hijos. Un día llegó un tipo muy bien parecido, alto, fornido, de ojos negros, cabello negro,  nariz aguileña, bigote como de uno setenta y cinco de estatura, vestía una camisa, un jean, botas texanas y chaqueta de gamuza, tenía una cadena gruesa en oro, una esclava, un reloj muy fino, usaba una loción fina, llego en una cuatro por cuatro, me la preguntó, le comenté que ella llevaba casi un año trabajando ahí, que era muy trabajadora, él me preguntó si alguien había ido a buscarla, le dije, ¡no!, ¡para nada!, ella es una mujer reservada, casi no sale ni tiene amigos, él me la recomendó, me dijo, ¡ella es una buena mujer!, ella me comentó que él era el guerrillero y se echó a llorar, pensaba que él había ido por ella pero no le pidió que volvieran, ¡se echó a la pena!, le insistí en que volviera con el esposo, pero se negó.
 
Por temporada de navidad recibí a una antigua empleada, a ella no le cayó bien, se la pasaban peleando, yo le advertía a la otra que no se metiera con ella, decía que no le temía, hasta que un día la misma Yazira me dijo ¡Me voy!, le pregunté por qué, me respondió, ¡no quiero terminar en un problema con esa mujer!, de pronto un día  ya no la tolero y termino agrediéndola!, ¡quiero evitar una tragedia!, ¡si ella me sigue ofendiendo, no me voy a dejar!,  ¡sólo quiero reintegrarme a la sociedad!, ¡desafortunadamente, mi pasado es un lastre que cargo a la espalda!..
 
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Debo confesar que sentí alivio cuando se fue porque temía que algo malo pudiera pasarnos a  mis sobrinos  y a mí, también me dolió porque en el fondo era una mujer buena, su error fue enamorarse y encapricharse de ese hombre, más que cicatrices en el cuerpo, como  ella  solía decir, “las heridas que llevo adentro duelen más que una herida mortal en mitad del pecho”, a la pobre mujer, el amor, el rencor,  el odio y la violencia le habían imprimido en el alma cicatrices.  Alguna vez me había comentado que pensaba colocar un consultorio de esos en que hacen hechizos para atraer el amor, devolver el ser querido, sacar entierros, quitar y devolver maleficios y de medicina tradicional,  pero aquel día había decidido ir a buscar a su amante y echar de nuevo pal’ monte con la guerrillerada porque para ella ese era su  único destino.
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