En la noche se avecina de puntitas al oído

un pitido, una rima, un gemido o un quejido.

En la punta del durazno canta un mirlo distraído

la canción de los días perdidos, la dulzura de un latido.

Esta noche ensordecida, marcha una rima apenada

entre el tallo de la rosa, entre las piernas de una dama.

He querido declararme a los vientos tan ambiguos

pero es inútil enamorarte con mi canto empobrecido.

Cada ocaso en el espejo se dibuja una figura

a veces ronda la hermosura, a veces todo es silencio.

Esta canción desolada que no admite mi cortejo

este amor desdeñado que te sigue como un pendejo.

00

Cargando comentarios...