A la luna.
Querida luna:
Normalmente le preguntamos a las personas
«¿Cómo estuvo tu día?».
Pero a vos no puedo hacerte la misma pregunta.
Así que decime… ¿cómo estuvo tu noche?
¿De qué paisajes te has deleitado
al otro lado del mundo?
Enviame la respuesta en un avioncito de papel
cargado con polvo de estrellas.
Contame qué olores llegaron hasta vos,
cómo se sintió el agua que acariciaste con tus rayos
y cuántos rostros iluminaste en tu viaje.
¿Es verdad que el mar te persigue cansado,
intentando alcanzar tu falda de plata?
¿Te contaron los grillos sus secretos más viejos?
Pero supongo que no todo ha sido bello.
Sé que guardás los suspiros
de quienes no pueden dormir
y los deseos mudos de los amantes.
¿Has derramado alguna lágrima silenciosa
por aquellos que ves sufrir?
Tal vez, al ver tanta maldad,
te escondés cada cierto tiempo;
pero regresás curiosa a asomarte,
a espiarnos nuevamente,
creyendo, inocentemente,
que el mundo puede cambiar.
Por eso tengo una petición que hacerte.
¿Y si bailamos juntas?
Voy a vestirme de blanco brillante,
voy a soltarme el cabello
—casi tan negro como la noche,
con algunos destellos de plata—
y voy a impregnarme con el perfume de los girasoles
antes de que se escondan cuando el sol ponga.
Bailemos al compás
de las canciones de la Vía Láctea.
Te envío esta carta con mi amiga la luciérnaga.
Espero tu pronta respuesta.
Tuya siempre, desde el brillo de esta fulgura nocturna.




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