Un beso, dos besos, tres besos, muchos besos... Me quedo pendiente, quizá cautivo. Vivo enceguecido de pensamientos sobre ti. Y no paro de pensar, cuando las ideas vuelan más allá de mi imaginación y, vienes vivo entre mis labios, palpitando tu nombre, descubriéndote entre mis dedos y me aguanto. Porque vienes como las olas a la orilla. Imparable. Tal vez inevitable. Grandes olas que me envuelven y me revientas el alma. Pero estoy sediento de ti. Justo como las olas que vienen y van, te vas entre mis dedos y los pensamientos se escabullen entre los recovecos. Por más que trato de evocar un recuerdo, sólo vienen a mí las ganas de ir hacia ti, como mis labios contra los tuyos, sobre la almohada, y vivo pensándote.
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