Cartas para olvidarte CCXXVI
El presente Tenía un gran peso, dolor, sobre los hombros. Y lo sabía, pero no quería que también te pesara el alma. Así que tocaste mis hombros, levantaste su peso y lo pusiste sobre tu espalda sin pensarlo dos veces. Me sentí bendecido, afortunado, y amado por primera vez. Al fin podía ver el mundo como los otros, con todo su dolor y dulzura; rayos de sol, tempestad y colores. Así de afortunado me sentí. De poder compartir el peso y la fortuna, en secreto, honestidad y complicidad. Y ya no había sombras ni otros hombres. Sólo nosotros y todo un mundo por delante. Aprendí que mirar atrás son recuerdos que le dan sentido al futuro y, que mañana es otro día para disfrutar. Pero sobre todo, que hoy es lo que importa, eternamente.
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