Cartas de un futuro CLXVI
08 de Diciembre del 2068 Todos nos reunimos en casa. Tus amigos, los míos, tu familia, parte de la mía, nuestra familia. Entre tanta gente, me sentí solo en la habitación. Pensé que una reunión para celebrar tu vida era necesaria para llenar la casa vacía. Y una vez que todos se fueron, que nuestros hijos se despidieron y suplicaron acompañarme, me quedé bebiendo una última copa del vino que te facilitaba esbozar una sonrisa tras el primer sorbo. De pronto, tus huesos, tu piel, tu aroma, tus palabras, tus sueños, tu risa, todo de ti se me vino a la mente como avalancha, y rompí en llanto. Era la primera vez, tras un año, que me permití nuevamente ser vulnerable contigo.
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