Buenas noches _ _ _ _ _ _ _ _ _ _ (Preferí dejar estas líneas inciales, que vacías se completan con una de estas frases que no me atreví a poner por mi propia cuenta. Por que siendo sinceros no se si haría bien en decirte: querida, estimada, apreciada, amada o solamente un simple hola amiga, así que pongo todos los que creí convenientes para que entre ellos tu elijas el que a tu parecer es el mejor...)
La verdad es que siempre he sido malo con esto de las redacciones y mucho peor aún para las declaraciones; digo malo aunque en realidad debería de decir pésimo en extremo, un cero a la izquierda, un negado total, un absoluto "looser", como dirían en algún otro país no muy lejano, que viene influenciando al nuestro tan moldeable, no se si de buena o mala manera. Lo cierto es que me siento un "Looser" al escribirte esto y no atreverme a decírtelo de frente, mirándote a los ojos. Sí, mirándote a esos ojos tan lindos que me enternecen como no tienes idea, y en los que dan ganas de perderme cuando me miras y esquivas la mirada cuando te das cuenta de que yo también te miro, aunque siendo sinceros, no estoy seguro si esquivas la mirada por el hecho de que yo te mire. Tal vez sea debido a mis no demasiado agraciados atributos físicos que vires tu atención hacia otro objeto o persona, porque en mí no hay nada muy agradable que ver digamos. En pocas palabras he acabado por reconocer y aceptar, que como lo dicen algunos de mis amigos, por no decir todos, que soy algo feo en comparación al común de la gente. Pero esto no me importa ahora que te escribo esta carta, pues estoy dispuesto a ser todo lo feo que me sea posible, mientras sea para ti un feo totalmente sincero. Y pretendo hoy, ser tal vez el más sincero y espero que no el más feo, que jamás se haya visto en la tierra.
Acabo de recordar la primera vez que tomé tu mano, éramos amigos hacia no mucho tiempo, y recuerdo que yo ya me moría por ti, tanto así que el corazón se me disparaba cada vez que te tenía cerca, y más aun cuando accidentalmente rozaba tus manos, y aquella la primera vez no fue la excepción; estábamos en la fiesta donde nos encontramos, no por casualidad, sino más bien por algo de un secreto mutuo acuerdo. Estabas hermosa, si te lo dije, lo recuerdo claramente, pues el solo hecho de mencionar estas palabras frente a ti me valieron un entomatamiento total del rostro, y un tartamudeo genérico que me duró por el resto de la noche. Te lo digo nuevamente pues ahora me encuentro a salvo, y no verás el entomatamiento que nuevamente se acaba de generar en mi rostro al saber que tú leerás todo esto, que esmeradamente estoy tratando de dedicarte. Con respecto a la que te lo te acabo de decir, acerca de que estabas hermosa, me acaba de venir a la mente una imagen tan nítida tuya con ese vestido perla que usaste, y que yo soñaba desde ya, secretamente se pareciese en algo al que usarías en la utópica boda que yo, incluso sin conocerte muy a fondo me había encargado de planificar al milímetro. Aquella vez me hiciste como un ademán para que te tomase del brazo, y te llevara hacia algún lugar de la sala, pero yo equivocadamente, disparatado y apresurado como siempre, intenté tomar tu mano y entrelazarla con la mía. El brazo entero me quedo temblando, por varios segundos como electrificado recuerdo, aunque no se a ciencia cierta si fue así debido al hecho de sentir por primera vez tus manos tan suaves y deliciosas entrelazadas con las mías, o al hecho de que me pegué contra el muro de la columna de la sala de baile que yacía detrás de mi cuando tu hermana al percatarse de mis intensiones equivocadas y libidinosas por tocarte de sobremanera la mano -cosa que en realidad no debía de haberte hecho pues no se acercaba, ni se parecía en lo mas mínimo a tu deseo inicial -, se encargó de darme una palmada en la mano, digo "darme una palmada", por no decir que literalmente me pegó en la mano, cosa que genero esta vez un nuevo entomatamiento más encendido en mi rostro que en si respondía ala torpeza que acababa de cometer y a que tu "linda" hermana se habían encargado de hacerme de hacerme ver por las malas lo erróneo de mi proceder. En resumen ella me pegó, así como lo hiciera una vez contigo aquella maestra de aquella pequeña escuela que recordaste con nostalgia cuando pasamos por enfrente de camino al cine el otro día; maestra que dicho sea de paso fue calificada por mi con justa razón de malvada e inhumana, pues no concebía la idea de que alguien había sido capaz de golpearte con algo de violencia correctiva, que en realidad es más inútil de lo que se cree, y digo esto basado en el hecho de que el correctivo aplicado en mi persona por tu hermana no sirvió de mucho, por que valgan verdades desde aquella primera vez que entrelace tu mano con la mía e vuelto a hacerlo, y confieso que fue con algo más insano que el deseo natural expresado por un buen amigo. Fue así como esa cruel maestra se atrevió a pegarte en esas tus manitos tan lindas tan solo por dejar inconclusa parte de una tarea que en si considero más que innecesaria y que tiene por fin único cansar las manos y crear repulsión en los pequeños frente a los estudios, y que en esta ocasión había sido también la causante de que unas lagrimas recorran presurosas tus mejillas a tan corta edad, pero esto parecía no importarte mucho porque a pesar de lo que pasó, tú recordabas esta escuela, que yo encontré tan fea por fuera y luego de que me contaste al respecto de la maestra golpeadora, también fea por dentro déjame decirte, - perdóname si con esto que acabo de decir he herido alguna de tus susceptibilidades pero como te dije inicialmente, estoy siento exclusivamente sincero-, pero que tú recordabas con tanta añoranza que olvidabas la crueldad con la que se te trató en alguna ocasión en ese lugar, es que así eres tu infinitamente buena y no le guardabas rencor a nadie. Luego del acto perpetrado por tu confidente hermana, y del notorio rojo encendido de mi cara, en ti se dibujó algo más que una dulce y linda sonrisa, mucho más linda a las que ya me tenías acostumbrado a darme por regalo cada vez que te contaba un chiste o decía alguna cosa disparatada. Este fue un momento sumamente vergonzoso, lo bueno de esto es que solamente fuimos participes del tan solo 3 personas: tú, tu hermana y yo. No como en aquella oportunidad en la que dada las fiesta de fin de año nuevo te llamé para saludarte en vista de lo ocasión especial, -aunque en realidad para entonces ya cualquier momento y cualquier ocasión era válida y especial para mi tan solo por escuchar tu voz-, charlamos un rato medianamente breve, y al final de la conversación me atreví a preguntarte si es que acaso podía visitarte en aquella noche, mejor dicho en aquella madrugada que daba los primeros toques al nuevo año en curso. No se si de buena o mala gana, espero que haya sido de muy buena, al final me diste la dirección de donde te encontrabas y rápido, tan rápido como pude me embarque solo en un taxi con una tarifa sobre-exigida rumbo a casa de tus tíos en una dirección de la cual no tenía la más mínima referencia, salvo que en una ocasión estuve a un par de cuadras de allí en una reunión de media noche donde las copas fluyeron con suma mesura pues era ocasión de festejar un logro de un compañero de trabajo y no se tomó más de lo estrictamente necesario dictado por el protocolo. Retomando mi relato anterior; para subir al taxi, había tenido primero que dejar de lado aunque con una promesa firme de retorno, que pasadas unas cuantas horas acabe por cumplir, al grupo ocasional de amigos conocidos esa noche y a dos de mis mejores amigos de la época escolar en una discoteca medianamente aceptable; que luego de mucho caminar en busca de un lugar acogedor y no tan repleto en esta fecha del año apareció como única salvación frente a nuestros ojos, bolsillos y cuerpos ansioso por samaquearse al compás de la música dando así pie al inicio de un buen nuevo año. Apareció ante mí de un modo sobretodo celestial, pues urgía en deseos por abandonarlos por unas cuantos horas de un modo discreto, más no a su suerte, para ir corriendo a verte.
El taxi se detuvo al llegar al punto más o menos indicado, fue entonces cuando te llamé, y respondiste diciendo que saldrías a mi encuentro; efectivamente saliste y nos encontramos. Te acompañaba tu hermana, a la que yo, dicho sea de paso, ya veía con algo de recelo y miedo luego de mi primer y accidentado incidente mencionado líneas arriba. Todo estaba bien nos saludamos como siempre, hablamos de... -la verdad no recuerdo de que -, fue entonces cuando la conversación estaba en todo su apogeo y acabábamos por romper el silencio inicial, que aparece tu madre a lo lejos, la misma que en ese entonces ya me causaba mas miedo que tu hermana a pesar de que a diferencia de esta última no me había pegado por tocarte la mano con algo de insano deseo. No nos quedo más remedio que acercarnos a la puerta de la casa de tus tíos donde se llevaba a cabo la reunión, recuerdo mi nerviosismo exagerado, temiendo que en cualquier momento apareciese alguien que nos hicieran entrar, y para desgracia mía más que tuya debo decir, apareció una tía de la que instantes antes de que hiciera su aparición me habías platicado. Y nos hizo pasar, y se convirtió en mi anfitriona en una presentación forzada con todos y cada uno de los miembros de tu familia allí presentes, que no eran pocos en número y muy bien lo sabes, a los que salude con un fuerte apretón de manos o un beso discreto en la mejilla acompañados de un "Mucho Gusto" y una sonrisa aprendida, que no hacía más que delatar mi extremo grado de nerviosismo. Acabada la presentación de la cual no recordé ni un solo nombre luego, nos sentamos juntos en un rincón, mientras yo me temía lo peor, que tu tía tan buena ella me invitase a bailar contigo, recuerdo habértelo comentado, e incluso te dije que no estaba dispuesto a bailar en aquella situación que de por si ya era la más bochornosa de mi vida, y que la cual de haber podido, o de haberme armado de un poquito más de valor habría salido corriendo. De pronto me encontraba allí de pie yo frente a ti, mi cuerpo semi-inerte con una torpeza y movilidad notablemente mayor a las acostumbradas en baile, incitados por tu tía que a nuestro lado se menaba con otro familiar tuyo. No sabes como rogué para que acabara la canción cuanto antes y felizmente se trataba de una canción corta, pues terminada nos sentamos. Platicamos unos minutos, no más de 20, mientras me pasaban una botella de vino, la cual me encargaba olímpicamente de transportar hasta otra instancia y brindar con otro miembro de tu familia anónimo para mi incluso luego de aquella mas que penosa presentación. Te informé de mi decisión de irme, salimos ambos, no sin antes despedirme de todos y cada de los miembros de tu familia; ya solos afuera nuevamente en la tranquilidad que brinda el anonimato y la soledad compartida por dos personas, te disculpaste conmigo, te respondí diciendo que no era necesario, y acuñe una frase nueva que desde entonces uso cada vez que estoy contigo, y que te prometí apuntar y ahora cumplo citándola tal vez algo modificada, pues cada vez que le he añadido algo, a la siguiente vez acababa por no recordarlo.
"La vida esta llena de roches, de momentos sumamente vergonzosos, de miedos y de momentos felices". Recuerdo que te encantó la frase, y una vez más te reíste de los disparates que de vez en cuando yo decía.
Para terminar, reconozco que me he apartado mucho del propósito inicial de esta carta que tenía por único fin el darte a conocer mis sentimientos, de los cuales ya debes estar más que al tanto a la fecha me imagino, luego de las múltiples insinuaciones que te hice en secreto y de las sospechas tuyas que debes de haber confirmado hoy día, luego de leer estas no tan breves líneas que te he escrito, y que no hacen más que dejar a tras luz una minúscula parte de los momentos felices que hemos pasado desde que llegamos a conocernos y nos comenzamos a frecuentar. Antes de terminar, te pido formalmente me perdones sobretodo por la extensión de esta y por los múltiples desvíos que me permití darme en el camino. Y termino, que es lo que debes de ya estar esperando, agradeciéndote por haberte convertido en mi novia y ser parte de mi vida aunque tú todavía no lo sepas.
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