Quizàs siempre sean,
cortas las mañanas
que no hay tiempo de purificar tù alma.
¡Es temprano descobìjate!
anda apresùrate,
què es momento de echar la arena al costal,
y llevarla en tù espalda hacia otro corral.
 
Las semillas que cultivas,
son las mismas que te nutren cada dìa
cuando a los demàs que te rodean
les genera fuerza y vida.
Los rayos del sol,
el sudor que corre por tù sombrero
que moja tù fortalecimiento,
en el campo junto a los arrieros
llenos de lodo disecando tùs sueños,
por un nuevo esfuerzo.
 
Ya el anochecer se puede ver caer,
es hora de cenar pan con cafè.
Para despuès ir a descansar
sin saber que te depararà al salìr de casa,
con la tierra fèrtil y el agua clara
misma con la que te lavas la cara,
todàs las mañanas antes de ir a elaborar.
 
Edgar The Sacrifice 10
 
 
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