21.06.20
13:26
Caminando en la noche.
Zapatos rotos, camisa rasgada, un ojo morado y algo de sangre escurriendo por mi  nariz, no debí haberle dicho a ese man que su mujer parecía una botana de pato, se enfadó mucho, al menos pude atizarle un derechazo con el cual va a pensar dos veces en meterse con un enano.
Apenas si puedo ver la luces de los focos, solo veo una lágrima roja que me desorienta al dar los pasos por estos adoquines viejos y rotos al igual que aquel último vaso de vino que le tire al suegro de la botana de pato por la cabeza, es una buena noche, han de ser las 21:30 y ya ando arriba de un balón que no me dejará bajar hasta en unos diez días más.
¿Qué más da?, necesito material para escribir y sentado en la oficina de impuestos no conseguiré algo que llame la atención.
Meto la mano al bolsillo, me quedan dos lucas y 4 pesos de cien, justo para dos cervezas y cuatro cigarros, dos para cada botella, tal vez vaya a la casa de la María, le piqué la guía y terminemos como siempre entre medio de los parrones celebrando una vida que no tiene sentido.
¡Que sorpresa! María esta sobria, tiene la casa ordenada.
-           Hola amor, ¿En qué andas?
-           Vamos por unas cervezas.
-           Debemos cambiar amor.
-           Lo sé linda, pero mañana, hoy demos rienda suelta a lo mundano.
-           Siéntate, déjame curar ese ojo.
-           Vamos…
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