Botas de Cuero


En una inmensa montaña pedregosa, cerca a un viejo pueblito del antiguo oeste, se refugiaba el villano más temido de todos los villanos más temidos: «Botas de Cuero» que jamás, hasta ese entonces había sido capturado. Sólo podían verlo ya galopando a caballo a toda velocidad de regreso a su escondite, de regreso a las colinas, perdiéndose entre el páramo. Un curioso mercader, alcanzó a verlo de cerca una vez, cuando robaba su ganado. Lo vio, se espantó mucho, se llevó todos sus animales y encima le arrebató la taza de café que sostenía «dile a tu mujer que le eche menos azúcar» carraspeó el villano lanzando la taza al aire, desapareciéndose en un santiamén. El curioso mercader sólo pudo decir tres pequeñas palabras en toda una semana «botas de cuero» y por eso todos lo conocían como tal, por tener unas botas anchas, unas grandes botas negras de cuero cargadas de arena y barro, que se retorcían al dar un paso, que le daba un espíritu tenebroso al que lo usaba, según contó su experiencia el mercader. Algunos malhechores cómo lo admiraban y a la vez lo detestaban por hacer eficazmente su trabajo,  por tener unas botas monstruosas, por que nadie había podido robar tres bancos en una sola noche, comentó el Sheriff Mc Apple en una de sus reuniones privadas, sólo Botas de Cuero pudo hacerlo.

- ¡Tenemos que hacer algo! ¡No podemos dejar que éste ladrón nos robe todo nuestro dinero! -Bramó un juez, cansado que nadie le haga caso y del ladrón también.

- ¿Qué podemos hacer? Ya intentamos con todo. Reventamos con dinamita todas las montañas que había cerca, pusimos de anzuelos hermosas damas que desaparecieron sin dejar rastro, y contratamos famosos matones que se encarguen de él pero nada pasa, él siempre se sale con la suya.

-Se cree muy vivo éste. -Dijo un civil. Se escuchaban parloteos, discusiones, y nadie podía ponerse de acuerdo, sólo una voz les hizo estremecer, les hizo callarse.

-Si es muy vivo, denle de su propia medicina. -Comentó la voz rauca. Era un anciano, un viejo patriarca antes había sido un Sheriff reconocido y ahora nadie le tomaba importancia, con mucha sabiduría escuchaba atentamente sin decir ni una palabra, oyendo las discusiones, las contradicciones. Todos voltearon a verlo, estaba al fondo, sentado en una comodísima silla para él.

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-Todos ven el problema de manera global, pero qué hay si vemos como lo ve él. Para Botas de Cuero todos somos unos ignorantes y por eso nos gana la batalla -siguió hablando el patriarca- aprendamos a darle soluciones humanas a los problemas, aprendamos a aprender de nuestros enemigos.

Nadie quería decir ni una palabra, simplemente no podían contradecirlo.

-Tengo un plan -concluyó el patriarca y todos abrieron su oído para escuchar.

Botas de Cuero tenía un aspecto frívolo y salvaje. Era tan despiadado que terminaba de un ágil balazo la vida de cualquiera que se le cruzara, que lo provocara, sin importarle la edad ni quién diablos era. Era una leyenda por ultimar a tres Sheriffs de distintos pueblos con sólo una bala y unas botas.

La siguiente noche de la reunión, todos fueron a dormitar tranquilos, confiados, rezando a los angelitos que los protejan y lo salven. Botas de Cuero bajó para hacer de las suyas. El banco había abierto nuevamente sus puertas y la gente ahora depositaba todo el dinero que le quedaba, que no había sido tocado por Botas de Cuero, milagrosamente. Él lo sabía, sabía de cada movimiento que el pueblo hacía y ahora estaba bajando para volver a robar, para quitarles su dinero a todo ese estúpido pueblo.

Montó a "Mandarín", su caballo negro tan maléfico como él, que lo había acompañado en todos sus viajes, sus travesías, sus robos, hasta cuando el mismo caballo estaba en con los suyos se portaba de la manera más arrogante y maligna, que los demás caballos salían huyendo de él. A punto de galope, rápidamente llegaron a su destino. Todo estaba como lo esperaba, todo el pueblo durmiendo confiado, tranquilo, no sabían que ya les había tocado su hora, que Botas de Cuero había llegado. Eran las dos de la mañana aún, y parecía como las ocho.

-Esto es lo mejor de este estúpido pueblo, que todos duerman como burros, ¿tú qué opinas Mandarín? -El caballo relinchó silenciosamente, y de puntillas empezaron la operación, sigilosamente emprendieron hasta el demacrado banco, simplemente hizo un pequeño agujero en la ventana donde pudo entrar sin problemas. Todo estaba como antes, los asientos polveados, una pequeña velita apagada tal como lo vio la otra vez, las cajas fuertes debajo del mostrador y las llaves dentro. Saqueó todas las cajas fuertes, los tiró por donde sea, hizo tanto ruido mientras feliz, Botas de Cuero comía un sánguche que le hizo una de sus prisioneras antes de partir.

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Al cabo de un rato, antes de largarse con todo el dineral del pueblo, agradeció a la virgencita por haberle bendecido con tanto dinero todo este tiempo,  sin duda él era el rey de los ladrones. Ni bien volteó, resbaló con una pequeña cáscara de plátano que alguien le había puesto en medio de la oscuridad, ensuciándose las botas se fue con todo el peso de su cuerpo hasta el suelo, no sin golpearse la yugular con una diminuta silla que también alguien le había puesto entre las tinieblas. Se dio un golpe mortal, tan peligroso que rendido en el suelo no le dio tiempo ni para exclamar: « ¡Mis botas de cuero!»
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