Bailando bossa nova.
 
 
Desde algún lugar se escucha fiesta en el aire y una explosión de entusiasmo me lleva a conectar mi aparato de audio… Se me enciende el ánimo, coqueteo a la aventura y selecciono algo bailable… Rápidamente por las bocinas emergen los matices cautivantes de una música viva y adorable.
 
Vaivén somnoliento, ritmo liviano, compases contagiosos de bossa nova… Las notas amantes del saxo invaden la penumbra alucinante de la sala y, al mismo tiempo, el bajo me mueve insinuante, primero  una pierna,  la otra pronto; todo en un instante…
 
Mis caderas se mecen con su encanto, como si la brisa fresca las envolviera; mientras, en mi rostro,  se me duermen embrujados los párpados y, en mis venas, burbujillas atrevidas me sacuden la sangre.
 
Melodía dulce, baile candente, sones enamorados y sensación irresistible que me atrapa por la cintura audazmente, me cubre de sueños, me tienta con caricias imaginarias y me gira vaporosamente por la íntima espesura de mi soledad, proyectando en silencio y socarronamente  mis secretos anhelos.
 
Bailo desnuda en el centro blindado de mis dominios y mis pasiones brotan particulares por el entorno de mi piel ansiosa, aromando mi trayecto hacia lontananza, adornándome de manera dichosa el alma con bellas florecillas de durazno…
 
¡Por favor, que nadie se atreva a interrumpir mi sueño placentero..!
… Déjenme sola y que este mágico ritmo absorba mi cuerpo entero. 
 
Constanza.
 
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