Vuelo.
Desde las ramas más elevadas
me disparo hacia la altura
hasta que el pueblo,
allá abajo,
se ve como motitas de color
en medio del follaje.
El sol reverbera en mi plumaje
y el viento me azota
mientras doy vueltas.
Soy libre.
El espacio infinito es  mi dominio,
el denso bosque mi refugio.
¿Qué más puedo pedir?
Si fuese un hombre
y pudiera expresar la emoción
que hierve dentro  mío,
incontenible,
ciertamente reiría.
 
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