La historia humana nos  ha mostrado guerras entre países y continentes.  Organizadores y organizaciones necias  e insolentes que  justifican mediocremente los  medios para un  fin que  aparentemente  cada vez que se presenta suele ser diferente, pero si vemos el resultado es el mismo: Terrorismo, xenofobia,  homofobia, fascismo,  etc. En el mundo se han levantado guerras por diferencia de dogmas, ideologías políticas, apropiación de recursos o de tierras, diferencias culturales; pero en Colombia una guerra que empezó por  diferencias bipartidistas, termino siendo un  hecho  indefinido en cuestión a sus causas actualmente.
Colombia actualmente tiene un conflicto complejo, sus causas son muy variables, pero si miramos a fondo este se plantea en la ética, ya que  este socialmente no tiene problemas serios de ideología política tal como se pensaba y mucho menos de xenofobia o nacionalismo extremo o diferencias culturales; es más  es el único país declarado constitucionalmente como  un estado multicultural y libertad de fe o creencias.  Mantiene una diversidad de costumbres  y de etnias. En cuestión  nos enfrentamos unos  con toros por motivos muy diferentes  a los que se enfrentan en guerras otros países como Israel, Irán, España y las potencias del mundo.
La ética en  Colombia como definición filosófica está enfocada solo en la ética de máximos en una ética individual, en donde solo prevalece el bien propio, mal enfocada con la idea de “el fin justifica los medios” o en un dialecto menos de Maquiavelo y mas  colombiano “la ley del más vivo”.  Pero esta tiene  una característica única en comparación a los espejos que nos refleja los demás estados del mundo y es que la sociedad colombiana posee reguladores sicológicos. Un ejemplo claro de similitud para un caos fue un apagón eléctrico; en 1977 en New York a causa de un apagón la ciudad perdió el control  y se violo el esquema de seguridad por completo, hasta se violaron mujeres en los trenes: en 1992 en Colombia durante un apagón la sociedad se atemorizo y fue tranquilizada por los medios de comunicación.
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Los reguladores sicológicos se presentan en la religión, los prejuicios sociales y los medios persuasivos como la radio y la televisión. Pero esta característica se vuelve a veces contraproducente, funcionando como dinamita que impulsa hacia el caos o se convierte como en el caso de la religión en un lavadero de conciencias. Si actuó mal simplemente me confieso o veo un  programa de televisión, me olvido del error pero el problema persiste; convirtiéndose la guerra en un negocio. En definición el fin del conflicto colombiano se convierte en un bien  individual y no ideológico. Olvidándonos de los valores socialistas y los bienes comunes que abarca la ética de mínimos.
La ética de mínimos es la gran falencia del  colombiano, no maneja  una moral y una escala de  valores bien definidas en pro al bien social. Carece de honestidad, tolerancia y respeto por la vida. Solo piensan en el bien común enfocados de una mal manera, defendiendo causas innecesarias a  comparación por  la lucha de sus derechos, como el de la educación que es la matriz a la falta de ética. Haciendo solo  lo que les conviene, escogiendo hasta sus dirigentes a gusto que les beneficie su ambición que termina estetizando su decadencia.
La falta de una educación integral y objetiva humana es la causa del conflicto social colombiano, no solo del terrorismo armado, si no de la violencia intrafamiliar y de todos los complejos sicosociales; dando como resultado la decadencia de nuestro país, en el que el pasado se convierte en una atadura de  estancamiento, llena de resentimiento hasta para lo social, convirtiéndose en el peor de los en un círculo vicioso, que comienza en el ser  individual ambicioso y  termina en lo social conformista, con un patrón en común que son nuestros dirigentes.
  
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