No sería un cliché comenzar con la famosa frase "las apariencias engañan" o "no todo lo que brilla es oro" si bien son sencillas de entender para cualquier persona, pues hablan por si mismas sin necesidad de una aguda interpretación, sería interesante adentrarnos aun mas en el significado de la simple palabra apariencia, sus raíces son mas arraigadas que solo lo que entendemos y podemos ver.
Nuestra interacción con el entorno dependen principalmente de lo que nuestros cinco sentidos perciben y nuestro cerebro procesa esa información para la toma de decisiones. No pretendo explicar desde un punto de vista biológico como funciona todo, no es el tema.
Nuestros sistema de la visión es uno de los más primitivos y comunes de la humanidad pero complejo y extraordinario, si bien funciona mejor que una cámara con la máxima resolución no siempre puede mostrar con detalle la esencia verdadera de todas las cosas, solo es capaz de captar lo tangible, observable para buscarle un sentido pero en una ámbito intangible, desconocido que no se muestra en la primera impresión no podemos fiarnos solamente en nuestros ojos debemos usar otra ruta de conocer lo que podríamos llamar emociones, sentimientos, voluntad, pensamientos y demás componentes que posee el alma. 

Con frecuencia nos dejamos llevar por la corriente, por la primera impresión que tenemos de las cosas y personas con base a criterios que se establecen o separan lo deseable de lo no deseable, lo bonito de lo desagradable, lo apropiado de lo no apropiado, lo de moda de lo anticuado y en una sociedad tan frívola como la presente es el pan de cada día. Sin darnos cuenta, casi todas la personas salen a la calle con  máscaras invisibles, aunque con propósitos diferentes la finalidad es siempre la misma aparentar algo que no eres, que no tienes, que no sientes. 
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Muchos podrían pensar o relacionarlo casi siempre con el dinero, gente que gasta más de lo que gana para vivir una vida que está fuera de su realidad para impresionar a personas que no les importa. Pero mencioné que existen diversos propósitos por el cuál se lleva ese antifaz, quizás algunos sean razonables, justificables pues el ser humano no solo es complejo en su anatomía sino también en su personalidad por lo que es difícil juzgar con base en puntos limitados. Pero si podemos determinar cómo funcionan; otros son por motivos absurdos, sin lógica no son conscientes de la actuación trivial que hacen a miles de espectadores sin pensar que el escenario de la vida es más crítico y duro que la opinión de un experto y que no siempre lo que recibiremos son aplausos y rosas. Mas bien diría una bofetada o una espina.
Cada quien saca sus propias conclusiones y eso está bien por lo que no quiero redactar un texto para reflexionar ni que sirva de guía pues un mismo mapa no es de utilidad cuando hay cientos de caminos que atravesar. Las apariencias son una cosa muy compleja y misteriosa, no todo lo que se ofrece es lo que da, presentan una imagen llamativa que vende a la vista pero cuando se obtiene no se parecen en nada (dicho ejemplo suele suceder muy a menudo en las cadenas de comida rápida) el que aparenta tener mucho para dar en realidad tiene poco y viceversa. Si bien es cierto que, estamos hechos del mismo barro pero no del mismo molde. 
Damos más valor a una marca exclusiva de ropa que a la persona que la trae puesta, al costoso perfume que utiliza que a la calidez que emana de ella, el labial de diseñador que usa a la sonrisa genuina y palabras sinceras que pueda decir. Si invirtiéramos el orden sería sencillo acostumbrarnos a amar a las personas y utilizar las cosas, no a utilizar a las personas y amar a las cosas.
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