Bajando de tierra fría, del Páramo de la Negra,
pasando por Bailadores y llegando hasta Tovar.
Sobre el terreno escarchado, bajo el cielo campesino,
se escucha a dueto el cantar de la brisa y del andino.
  
    Y mi pueblo en el valle sembrado,
rodeado
de un grueso collar de cerros  en flor
y avizor,
un lucero titila desde el firmamento
y en todo momento,
da esplendor y desde el arriba corona
a la Virgen de Regla, la excelsa patrona.
  
    Por el angosto camino que va de la falda al río
correteando de la mano la soledad con el frío,
y saliendo de mi tierra, de Mérida, por Tovar,
van quedando los paisajes con su belleza sin par.
  
Montañas verdes de frailejones,
los corazones
jamás dirán: adiós mi suelo,
en su vuelo,
con sus recuerdos retornarán
y te traerán
como yo mi verso, de nostalgias lleno,
lleno de tristezas, que añoranzas son.
  
 
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