Alivio, alegría... enorme satisfacción
Hace apenas unas horas, la mamá de una alumna de clases de apoyo escolar, me informó que su hija aprobó el examen que tanto tiempo nos llevó estudiar. Qué alegría sentí al escuchar su nota de voz, porque fue tal la satisfacción que me recorrió el cuerpo que por un momento creí que era un sueño.
Toda esta situación me dejó pensando sobre el éxito y el fracaso... y sobretodo en esa niña, que ayer antes de irse y con algo de timidez me descolocó diciendo: ¿y vos cómo me ves?
Enseguida entendí, que necesitaba algo más que la verdad, necesitaba que le diera mi palabra de aliento para convencerse aún más de que ella sabía, había entendido y al fin, luego de tanto estudio, podría obtener su libreta aprobada.
Sin ánimos de desorientarla con mis palabras, le dije: Te veo muy bien, y así es como vas a salir mañana. Ahora descansa, y mañana a mitad de mañana te levantas, repasas y si tenes alguna duda me avisas, acá voy a estar.
Me saludó con un beso en la mejilla y se fue sonriendo. Alegre, quizas, o satisfecha porque yo también sabía que lo iba a lograr y solo eso necesitaba escuchar.
Hoy a la mañana, muy temprano me acordé de ella, y me sentí algo extraña al no tener que esperarla con algo fresco para tomar, con todos los objetos de la casa en orden, con unos tantos libros y apuntes en la computadora, que me sirvieran de ejemplo cuando se aproximaran sus dudas.
Confieso que mi técnica para que alumnos tan pequeños comprendan el lenguaje elevado de sus materias es, sencillamente, explicarles qué son los sinónimos y buscar uno para cada palabra "rara" que no entiendan. Eso, sumado al lenguaje algo informal que utilizo para dirigirme a ellos, me convierte en la persona que los ayuda y aprende de ellos, y no en la persona que los menosprecia por no comprender esas definiciones de antaño, que a nosotros también tanto nos costaron.
Toda esta situación me dejó pensando sobre el éxito y el fracaso... y sobretodo en esa niña, que ayer antes de irse y con algo de timidez me descolocó diciendo: ¿y vos cómo me ves?
Enseguida entendí, que necesitaba algo más que la verdad, necesitaba que le diera mi palabra de aliento para convencerse aún más de que ella sabía, había entendido y al fin, luego de tanto estudio, podría obtener su libreta aprobada.
Sin ánimos de desorientarla con mis palabras, le dije: Te veo muy bien, y así es como vas a salir mañana. Ahora descansa, y mañana a mitad de mañana te levantas, repasas y si tenes alguna duda me avisas, acá voy a estar.
Me saludó con un beso en la mejilla y se fue sonriendo. Alegre, quizas, o satisfecha porque yo también sabía que lo iba a lograr y solo eso necesitaba escuchar.
Hoy a la mañana, muy temprano me acordé de ella, y me sentí algo extraña al no tener que esperarla con algo fresco para tomar, con todos los objetos de la casa en orden, con unos tantos libros y apuntes en la computadora, que me sirvieran de ejemplo cuando se aproximaran sus dudas.
Confieso que mi técnica para que alumnos tan pequeños comprendan el lenguaje elevado de sus materias es, sencillamente, explicarles qué son los sinónimos y buscar uno para cada palabra "rara" que no entiendan. Eso, sumado al lenguaje algo informal que utilizo para dirigirme a ellos, me convierte en la persona que los ayuda y aprende de ellos, y no en la persona que los menosprecia por no comprender esas definiciones de antaño, que a nosotros también tanto nos costaron.
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