06.10.10
Algo inquieto.
Una sed dominante se apoderada de mi cuerpo, pero no son ansias de alcohol, es de desesperación, se queman los cartuchos y los días se deslizan al pasado por el resbalón de los recuerdos. No halló que hacer, nuevamente esa inconformidad se apodera de mí, como si quisiera que los días pasasen rápido y no tener más esta estresante espera de intentar saber pronto lo que a mi llega, volver a ordenar un nuevo mundo, desasegurar lo antes ya seguro y aventurarme a lo que pronto se me viene encima.
Me desasgo en pedazos con la espalda pegada al colchón, siento que apesto interiormente, y algunos órganos se pudren junto a mi pensamiento. ¿Qué hago?, necesito de regreso lo que no he perdido, quiero gritar que me siento cómodo, pero sin embargo una fiebre interior suda frente al espejo y lo único que veo es alguien patético que hoy se ha levantado con el pie izquierdo.
Aquí está la sed de regreso, es desesperante, corro al refrigerador y tomo un gran sorbo de agua helada que lo único que logra es hincharme nuevamente, ahora siento dolor en el pecho y miro lo que no me agrada, sintiendo lo feo de una ilusión de la cual no quiero despertar, solo espero que la noche traiga consigo nuevos sueños que desplacen al olvido a aquellos de anoche, que aunque no los recuerde marcaron parte de este día, tres presagios de la hora exacta que era al despertar y un bramido cual animal o bestia herida, mientras impedía que alguien abriera una siniestra puerta de una casa antigua y desmoronada. Además de trabajar en un barco que zarpaba sin el consentimiento de los marinos y paso al motín, desperté mientras peleaba con un contratista.
El pensamiento de recuerdos de infancia momentáneamente llega a mi mente y deseo dormir en aquellos tiempos, aunque ni tan mejores, no eran tan enredados de conclusiones.
Sin el veneno.Vuelven muertos.Ataque desmedido.Enséñame.JULIETA Y MÁS.ECTOPIAETA. (HAIKU).ECTOSFERETA. (HAIKU).Algo inquieto.
Una sed dominante se apoderada de mi cuerpo, pero no son ansias de alcohol, es de desesperación, se queman los cartuchos y los días se deslizan al pasado por el resbalón de los recuerdos. No halló que hacer, nuevamente esa inconformidad se apodera de mí, como si quisiera que los días pasasen rápido y no tener más esta estresante espera de intentar saber pronto lo que a mi llega, volver a ordenar un nuevo mundo, desasegurar lo antes ya seguro y aventurarme a lo que pronto se me viene encima.
Me desasgo en pedazos con la espalda pegada al colchón, siento que apesto interiormente, y algunos órganos se pudren junto a mi pensamiento. ¿Qué hago?, necesito de regreso lo que no he perdido, quiero gritar que me siento cómodo, pero sin embargo una fiebre interior suda frente al espejo y lo único que veo es alguien patético que hoy se ha levantado con el pie izquierdo.
Aquí está la sed de regreso, es desesperante, corro al refrigerador y tomo un gran sorbo de agua helada que lo único que logra es hincharme nuevamente, ahora siento dolor en el pecho y miro lo que no me agrada, sintiendo lo feo de una ilusión de la cual no quiero despertar, solo espero que la noche traiga consigo nuevos sueños que desplacen al olvido a aquellos de anoche, que aunque no los recuerde marcaron parte de este día, tres presagios de la hora exacta que era al despertar y un bramido cual animal o bestia herida, mientras impedía que alguien abriera una siniestra puerta de una casa antigua y desmoronada. Además de trabajar en un barco que zarpaba sin el consentimiento de los marinos y paso al motín, desperté mientras peleaba con un contratista.
El pensamiento de recuerdos de infancia momentáneamente llega a mi mente y deseo dormir en aquellos tiempos, aunque ni tan mejores, no eran tan enredados de conclusiones.
Algo inquieto.
30 de septiembre de 2019·2 min de lectura
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