Me solicitan que escriba, que redacte, que plasme sobre algún tema a elección palabras y párrafos coherentes y cohesivos. Que escriba bien. Pero, ¿cuándo algo está verdaderamente bien escrito y plasmado si sale de una mente en constante caos?

Pero en fin, ¿sobre qué o quién escribo? ¿"Qué quiero que escuchen o lean?" no sería la verdadera pregunta. ¿No puedo decidir quién lo va a escuchar también?

¿Sobre algo que me guste? Demasiadas opciones, y todas demasiado extensas como para ponerlas en uno o dos párrafos.

¿Algo que odie o me moleste? Poco popular y muy polémico.

Supongo que será sobre lo primero que me venga a la mente. Bastante básico, pero tendrá que ser; el camino fácil suele funcionar en momentos así. Últimamente mantengo monólogos internos sobre un autor en particular, y sobre un escrito en particular

“Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique V"

Este mundo es el camino

para el otro, que es morada

sin pesar;

mas cumple tener buen tino

para andar esta jornada

sin errar.

Partimos cuando nacemos,

andamos mientras vivimos,

y llegamos

al tiempo que fenecemos,

así que cuando morimos

descansamos.

Manrique lo hace sonar tan lineal, tan absurdamente ordenado. Un camino, una morada, un descanso. Pero, ¿qué ocurre cuando ese "buen tino" del que habla se nos escapa entre los dedos? Yo no camino en línea recta; tropiezo, retrocedo y doy vueltas en círculos sobre las mismas incertidumbres de siempre, sobre qué escribir, qué sentir o a quién importarle. El poeta asegura que andamos mientras vivimos, pero a veces, desde este caos mental, la sensación es más bien la de estar corriendo en una cinta estática, desgastando la suela sin avanzar un solo metro.

Y si al fenecer descansamos, como él sentencia con tanta tranquilidad, ¿es entonces la vida esta condena ineludible al agotamiento? Pensar agota. Tratar de ser coherente, como se me exige al inicio de estas líneas, agota aún más. Mi mente ensordecedora es exactamente el reverso de ese andar sereno y calculado que proponen sus versos. Quizás por eso mis monólogos internos siempre regresan a estas coplas. Existe una especie de envidia silenciosa en leer sobre un tránsito con un propósito tan claro, una certeza absoluta que choca de frente con el mar de dudas sobre el que navego ahora mismo, buscando apenas unas cuantas letras que encajen.

Página 2

Al final, supongo que redactar esto no es más que otro paso en esa misma jornada inexorable hacia la morada sin pesar. Un paso errático, dudoso, caótico... pero un paso al fin y al cabo.

160

Cargando comentarios...