Al ocaso.
16.04.11
Al ocaso.
Esa mañana me desperté con energías renovadas, después que aquellos sueños me hicieran descubrir la infinidad de mi ser y mostrado la fuerza de mi alma.
Me decidí a dar un paseo por el pueblo para contemplar la naturaleza y oír sus pensamientos, veía como las hojas de los árboles otoñales se dejaban caer en mística caída a su transformación al suelo, mientras son despedidas por coros celestiales entonados por suaves brizas, mientras las hadas bailan ocultándose de mi mirada, pero sonriendo y danzando en mágica armonía.
Los suspiros se me suceden con orgullo, escuchando y pensando en miles de cosas a la vez, mi conciencia es sublime, se limpian los pensamientos, camino como en un sueño.
Las horas se han despedido segundo a segundo y el atardecer se viste de gala para presentarse en máximo esplendor. Ahora camino por la playa descalzo acariciado por la arena, allá a lo lejos diviso una silla de playa abandonada, me acerco a ella y me siento estirando mis músculos para explayar mi relajo, a mi lado dos copas y una botella de ron de seguro de dos amantes que en acto de pasión solo decidieron marcharse, no dudo en tomar unos sorbos.
La luz del crepúsculo se presenta puntual como siempre en aquel inalcanzable horizonte que es mi destino, ella llega a mi mente, me paro y escribo nuestros nombres dentro de un gran corazón que se refleja en el cielo, miro en dirección al mar en busca del ocaso y en el momento exacto que este se despide con nobleza una deslizante ola vestida de espumas excitadas borra tu nombre para siempre.
Al ocaso.
Esa mañana me desperté con energías renovadas, después que aquellos sueños me hicieran descubrir la infinidad de mi ser y mostrado la fuerza de mi alma.
Me decidí a dar un paseo por el pueblo para contemplar la naturaleza y oír sus pensamientos, veía como las hojas de los árboles otoñales se dejaban caer en mística caída a su transformación al suelo, mientras son despedidas por coros celestiales entonados por suaves brizas, mientras las hadas bailan ocultándose de mi mirada, pero sonriendo y danzando en mágica armonía.
Los suspiros se me suceden con orgullo, escuchando y pensando en miles de cosas a la vez, mi conciencia es sublime, se limpian los pensamientos, camino como en un sueño.
Las horas se han despedido segundo a segundo y el atardecer se viste de gala para presentarse en máximo esplendor. Ahora camino por la playa descalzo acariciado por la arena, allá a lo lejos diviso una silla de playa abandonada, me acerco a ella y me siento estirando mis músculos para explayar mi relajo, a mi lado dos copas y una botella de ron de seguro de dos amantes que en acto de pasión solo decidieron marcharse, no dudo en tomar unos sorbos.
La luz del crepúsculo se presenta puntual como siempre en aquel inalcanzable horizonte que es mi destino, ella llega a mi mente, me paro y escribo nuestros nombres dentro de un gran corazón que se refleja en el cielo, miro en dirección al mar en busca del ocaso y en el momento exacto que este se despide con nobleza una deslizante ola vestida de espumas excitadas borra tu nombre para siempre.
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