¡Tanta humanidad compartida, tanta divinidad olvidada! Si todo tuviese respuestas, y los desvaríos viviesen en las preguntas, el silencio sería tal…y nada más. Observo el estrecho espacio entre la puerta y el closet, la fina inmensidad entre el humo del cigarro y la sombra expandida, como abismo de polvo en el fondo, pensando que quizás todo es culpa de Caín, y de su hermano por ser el cordero derrochado en pecado. Miro a mi lado. El cuerpo se entibia, más, más, se enfría. La vista nublada, la garganta seca, el cuchillo en mi mano, mi hermano muerto y ensimismado.
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