Abuela, ¿Por qué?
 
 
¿Qué hacemos aquí?
 
No sé para qué preguntas si tú lo sabes muy bien, mi niña.
 
Perdón, abuela. De repente no reconocí nada a mí alrededor.
 
Ambas mujeres, Ángela y su abuela, iban recorriendo un camino. El camino atravesaba un hermoso paisaje de bosques plagados de pinos altísimos y llanos gigantescos. Largos ríos se escurrían entre las raíces de los árboles y morían en las orillas de los lagos.
El ambiente estaba tranquilo, no se escuchaba ni un solo ruido. Ningún tipo de animal vivo ha pisado estas tierras jamás. Había personas sentadas admirando los paisajes y niños jugando. Un mágico atardecer pintaba el cielo y las nubes de colores suaves y los últimos rayos de luz cubrían los caminos, los árboles y todo lo que tocaban.
 
Este lugar me recuerda el parque al que íbamos todos los domingos a caminar. ¡Es hermoso!
 
Que mucho has crecido desde aquellos días. Llevábamos una vida sin vernos.
 
 
Por favor abuela, solo tengo 19 años. No ha pasado tanto. Y tú no has cambiado ni un poco.
 
Ay mi niña, ya mi tiempo de envejecer acabo. Pero cuéntame ¿cómo te fue?
 
Bueno, acabe la escuela con las mejores notas y entré a la universidad que quería.
             
¿Y qué te pasó?
 
Nada.
 
Entonces ¿Qué haces aquí, hablando conmigo?
 
Las mujeres se acercan a unas pequeñas casas de madera a los lados de ese camino que parece que no tiene final. Ángela camina un poco más lento que su abuela. Estaba confundida, buscaba la manera de procesar todo lo que pasaba por su mente.
 Creo que todo cambió. La universidad era mucho más difícil de lo que me esperaba, las cosas en casa no iban bien y mi vida social era pésima… Simplemente todo se complicó.
 
Así es la vida, mi cielo. Nada es fácil, solo hay momentos menos complicados que otros. Lo fácil se torna aburrido con el tiempo ¿no crees?
 
Tienes razón.
 
En cada casa vivía una persona. En la primera que vieron había un hombre. Se veía joven, confundido y desesperado.
 
Abuela, ¿qué le pasa al hombre que vive ahí?
 
 Cree que va tarde al trabajo y se la pasa buscando su arma. Era policía. Mira mi vida, el peor ciego es aquel que no quiere ver. Algunos nunca van a aceptar su realidad, así como nuestro amigo el policía.
 
Qué triste. Espero no terminar así.
 
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Eso depende de ti.
 
Este lugar es muy diferente a cómo me lo imaginaba.
 
¿Y qué esperabas, mi cielo?
 
No sé. Solo me lo esperaba diferente. Abuela, ¿es normal sentirse tan triste?
 
Es completamente normal considerando lo que hiciste.  
 
Yo no quería que fuera así, abuela. Yo no quería esto.
 
Y aun así aquí estamos ¿verdad?  ¿Por qué no pensaste eso cuando tuviste la oportunidad?
 
Ángela se queda callada. Ambas mujeres siguen caminando en silencio. Se acercan a un rio cuyas aguas son tan cristalinas que puedes notar hasta la más pequeña piedra. No hay ni un solo pez en el agua pero hay niños jugando.
¿Cuánto tiempo llevamos aquí?
 
Segundos, días, años… lo que tú quieras mi vida.
 
No entiendo, abuela. ¿cómo puedes estar tan tranquila sabiendo que hay tanto que hacer?
 
Precisamente porque yo ya no tengo nada que hacer. Mi tiempo pasó.
 
¿Esos niños están solos aquí? ¿Dónde están sus padres?
 
Sus padres no han llegado. Todavía tienen asuntos pendientes alla.
 
Si, igual que yo.
 
¿A qué te refieres, querida?
 
Tengo que volver, abuela. ¡No puedo pasar más tiempo aquí! No lo tomes a mal; me encanta estar contigo, te extrañaba demasiado pero tengo una vida. ¡Tengo una vida allá, abuela! Tengo una vida.
 
¡Una vida que tú misma tiraste por la borda al instante en el que tomaste esa navaja en tu mano!
 
No me trates así, abuela. Me arrepiento de todo. Yo no quería nada de esto. No ahora.
 
Pues ya no puedes hacer nada. Tomaste tu decisión. Ahora solo queda esperar. Pero tranquila, cada vez falta menos para que tu padre llegue a acompañarnos. Mi querido hijo. ¿Cómo esta él? 
 
No, abuela. ¡Para! Deja de preguntarme por favor. ¡Tengo que regresar! Yo tenía una vida, abuela. Yo tenía una vida…
 
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